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- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Intento a la Cara Sur del Cerro Lanín (3.776 mts), 1975
Provincia de Neuquén

- Por Carlos Rey, Grupo Dinos -


Carlos Rey
Carlos Rey

En este caso se trata del intento que hicimos con Pablo Cavagnero en 1975, a la cumbre del Co. Lanín, por la pared sur. En ese momento habían pasado nada menos que 20 años sin haber sido repetida. Pero la famosa Colada Mazzoldi nos esperó ese año con una sorpresa desagradable: ¡hielo verde! y las piquetas y grampones rebotaban como contra el acero, así que... violín en bolsa, y media vuelta para casa.

Yo había llevado a mi mujer y a mi hijo mayor, Martín, que tenía 4 años (ahora tiene el Refugio Piltriquitrón, y en el Lanín hizo cumbre en 1989, por la ruta normal). ¡Hijo e´tigre!

Intento 1975

Ubicación del Volcán Lanín, Neuquén, Argentina.
 
Ubicación del Volcán Lanín, Neuquén, Argentina


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Estamos vencidos. Ya lo acepté pero no me resigno ¿Y si Pablo quiere seguir?, ¿cómo se lo digo? ¿Cómo le digo que estoy fundido?

Son las nueve y media de la noche del quince de diciembre de 1975. Hace tres días cumplí treinta y nueve y cómo los siento. Pablo los cumple igualmente dentro de unos días. Somos amigos y por lo que sea nos llevamos muy bien ¿Tanto se habrá entrenado como para no sentir el cansancio?

Volcán Lanín, Neuquén
Volcán Lanín, Neuquén

Ascendemos lentamente por las primeras pendientes de nieve de la faz sur del cerro Lanín, de 3.776 mts., la altura más importante del Corredor de los Lagos Patagónicos. Es un casi perfecto cono helado que en los días despejados sobresale en el horizonte desde muchos kilómetros de distancia. Pablo avanza delante mío marcando escalones en la nieve dura por los cuales yo lo sigo penosamente (si por lo menos no llevara la mochila...) Cada tanto se da vuelta y dice alguna broma. Lo envidio; hace un rato largo que ni siquiera contesto para no gastar energías. No sé que estará pensando o quizás se da cuenta de mi estado y trata de darme ánimos de esa manera indirecta. Abajo a la izquierda ya en penumbras, los acarreos y el bosque que tanto nos costara superar. Arriba a la derecha (¡Qué cerca!) la barrera del glaciar todavía iluminada con las últimas luces, tiene un aspecto fantástico de color gris verdoso.

Al frente, por encima de nosotros, una dentadura de rocas marrones emerge de la blanca nieve llamándonos a llegar para vivaquear a su reparo. Un esfuerzo más y finalmente llegamos con la noche. Son las diez y la luna sin embargo ilumina en cuarto creciente. Hace buen tiempo. Una brisa leve sopla del oeste y aunque unas horas antes me preocupaba porque traía nubes constantemente, ahora veo que por suerte no se concretará el mal tiempo. Sí, me preocupa el casquete cumbrero, pues si engancha alguna nube, seguro que el mal tiempo no tarda.

Pablo Cavagnero, ascendiendo el Cerro Lanín, Neuquén
Pablo Cavagnero, ascendiendo el Cerro Lanín

Con las piquetas preparamos una plataforma en la que ponemos una manta plástica y encima las colchonetas y las bolsas de dormir. Nos metemos adentro y acostados boca abajo con las cabezas hacia las rocas -que son lo suficientemente altas como para suponer que no protegerán del viento-, por fin podemos descansar. En el hueco que deja la nieve al juntarse con la roca, preparamos para "cocinar". Estoy acostado boca abajo y estirando las manos preparo jarro tras jarro de diversos líquidos calientes. Fundo nieve en el calentador y hago té con azúcar y CalcevitA, otro jarro: chocolate y leche en polvo, otro jarro. Pablo no habla y cuando lo hace a través de la bolsa dice cosas incoherentes. Me resulta rara esa actitud, ¿estará tan cansado como yo?, ¿se sentirá mal?. Al día siguiente, en el campamento del lago, entre risas, contaría que pedía una lata de ananás en almíbar.

Los últimos tramos hasta el vivac los hicimos gracias al gramponeo de él. ¿Y mañana? ¿Qué pasará mañana? Con el clima. Con nosotros. Preparo más jarros de líquido tibio; es tanta la sed que a veces apenas se empieza a derretir le agrego sal y CalcevitA y... adentro, mitad y mitad con Pablo.

Las horas pasan, miro el reloj. La una. El cansancio es tanto que no logro relajarme y dormir. La luna ilumina todo. Miro hacia el sur apenas inclinando la cabeza y veo muchas nubes cubriendo los cerros por debajo de nosotros. En el horizonte los cerros Tronador y Catedral descubren sus moles despejadas de nubes. Paulatinamente el viento va aumentando y el último jarro me cuesta calentarlo pues el calentador se apaga. Pablo duerme hace rato y desisto por fin de seguir con el trabajo. Me arrebujo en la bolsa y pienso en retroceso… “Las primeras nieves esta tarde, el acarreo siempre desgastante por la mañana, el campamento en el bosque anoche, el bosque en la tarde anterior”. Suena casi poético, ¡cómo maldecimos entre las cañas! Allí dejamos gran parte de nuestras fuerzas. Unos días antes habíamos llegado en mi gauchito Renault-6 azul, con mi mujer Mabel y mi hijo Martín de tres años, desde Buenos Aires. Habíamos acampado a orillas del lago Huechulafquen, en ese lugar tan especial con araucarias de la cordillera, en Neuquén.

En el Glaciar Lanín. Volcán Lanín, Neuquén
En el Glaciar Lanín

El objetivo de ascender la pared sur por la difícil "colada" del glaciar ya lo teníamos estudiado en nuestras reuniones de café porteñas. Hacía muchos años que se había hecho la primera ascensión por esa ruta y exactamente veinte que se había realizado la última, en febrero de 1955 (ver Anuario del Club Andino Bariloche Nº 24). Desde entonces, inexplicablemente, nadie había vuelto a ascender la cumbre por allí. De modo que consideramos muy interesante conseguirlo.

Salimos una tarde un poco a la "dale que va". En el puesto de gendarmería no encontramos demasiada receptividad a nuestra presentación. Tampoco pudimos ver a ningún poblador baquiano del lugar, como para preguntar por la picada de aproximación. Quizás ese fue nuestro más grande error de subestimación; no guiamos por un mapa turístico que nada tiene que ver con la cuestión de escalar una montaña. En él figuraba un sendero por la margen derecha del arroyo Rucu Leufú, que conducía al lago Tromen faldeando el Lanín por el este y supusimos con ligereza que nos llevaría a nuestro objetivo. Para colmo en el momento de salir se presentó el guardaparque con cara de pocos amigos a decirnos que debíamos portar un permiso especial de ascensión, dado que estaba en vigencia una nueva disposición que declaraba el lugar como intangible. Pudimos solucionar el problema mostrando nuestras credenciales del Centro Andino Buenos Aires y explicándole que éramos andinistas veteranos. El propio guardaparque, como nunca había subido, avaló nuestra equivocación y se ofreció a dejarnos con su vehículo al comienzo del sendero. Allí comenzó nuestro vía crucis. Parece exagerado, pero para el que alguna vez se perdió entre cañas coligüe no lo es. Jaulas de cañas entre las cuales uno se ve condenado a cadena perpetua, se alternan con lenga achaparrada de imposible paso si no se cuenta con un machete y que obliga casi siempre a reptar por encima de ellas a dos metros del suelo.

Habíamos leído el anuario C.A.B. para recrear la escalada, pero no pudimos deducir nada sobre la aproximación. Ahora en mi vigilia pienso que es prioridad 1 conocer este tipo de datos antes de encarar cualquier ascensión. Se trata de ahorrar el máximo de energías para encarar la escalada propiamente dicha, "con tutti".

Volcán Lanín, Neuquén.  Colada del Glaciar
Lanín, Colada del Glaciar

Fue así como llegó la noche en esa primera jornada olvidable y gratuitamente agotadora. Comimos y dormimos en un hermoso lugar junto al arroyo fuertemente rumoroso como todo buen río de montaña. A la mañana siguiente emprendimos la marcha temprano y enseguida tuvimos que vadear pues el cauce se bifurcaba. Desde las últimas horas del día anterior dejamos de ver la cara sur, porque la tapó el cerro Negro que es un contrafuerte del Lanín. A medida que íbamos remontando el arroyo hacia el oeste, la vamos descubriendo nuevamente y allí comenzamos a dudar del camino seguido. Igual vamos a llegar, pero en un recorrido mucho más largo. Intuimos que subiendo por la margen izquierda del Rucu Leufú y entrando entre los cerros Negro y Litrán, se llegaría rápidamente al final de la vegetación y por consiguiente a las primeras nieves. Luego a mayor altura lo corroboraríamos.

Pasamos cerca de unas cascadas que forma el arroyo, que cae directamente del glaciar. Son bastante altas y muy hermosas. Seguimos ganando altura. Ya abandonamos el bosque pero tropezamos con acarreos bastante flojos. Llevamos con nosotros un termo picniquero lleno de té preparado con azúcar, que resulta ser muy bueno. Para mí es todo un descubrimiento usar este adminículo en una escalada. También llevamos una cantimplora que vamos llenando con agua fresca a la que le agregamos CalcevitA y sal ¡Bárbaro! Es como tomar agua en casa. Por fin alcanzamos el filo del acarreo y... fin del segundo esfuerzo -ya se sabe lo que son estos suelos flojos-. Allí me siento muy agotado, se ve que no estoy ni por aproximación, en mi mejor forma. Me desmorono junto a una pequeña roca y me doy sombra con la tapa de la mochila. Pablo, muy estoico, baja medio acarreo hasta un manchón de vegetación en el cual creemos ver titilar el agua. Tenemos los dos recipientes vacíos y todavía debemos andar mucho. El sol cae a plomo. Es poco más del mediodía. Todo es silencio y calor. Luego de comer un puñado del maní japonés que compone nuestra ración de escalada me quedo dormido. Al rato aparece Pablo y ¡por suerte! con el preciado líquido. Nos quedamos allí un rato sentados, dormitando al sol. Calentito... Me duermo al sol.

Acarreo durante la ascensión al Cerro Lanín, Neuquén
Acarreo durante la ascensión al Lanín

Me duermo a la luz de la luna. El vivac. La una y media. Mientras me relajo pienso en todo aquello. Estoy caliente dentro de la bolsa como hoy a la tarde al sol del acarreo ¿Qué pasará mañana?... Miro el reloj. Las dos. Me acabo de despertar por un violento aletear de mi bolsa. Un verdadero vendaval. Veo el cielo totalmente estrellado, ni una nube. La luna ya ha desaparecido, por suerte no es tormenta con agua, pero el viento es huracanado. Aseguro el equipo en los agujeros entre la roca y la nieve sin salir de la bolsa. Pablo hace lo mismo. No hablamos. Sólo queremos volver a dormir. El viento es implacable. Me meto completamente dentro de la bolsa y la cierro por encima de mi cabeza, pero por el pequeño agujero que queda se cuela el viento. El batir de la tela hace que se corra el plumón de relleno y el nailon queda expuesto al frío exterior trasmitiéndolo a mi cuerpo. Se terminó el bienestar. En todo el resto de la noche no pegamos un ojo. Por el agujero de la bolsa voy viendo como amanece. Es curioso pero común en la montaña, que habiendo un cielo despejado sople el viento propio de un temporal. Luego el sol. No tengo voluntad para salir de la bolsa. Estoy demasiado cansado. Pablo tampoco se mueve. Pienso que le debe pasar lo mismo que a mí. O tal vez sabe que yo no voy a dar un paso más hacia arriba y por no hacerme quedar mal, finge estar fundido. Las horas pasan. Ya cercano el mediodía entiendo que todo terminó al menos por esta vez. Sólo podemos pensar en regresar. Ninguna cordada con ánimo de hacer cumbre se pone en movimiento al mediodía.

Ya fuera de la bolsa comentamos la mala noche pasada y después decidimos ir a ver la famosa "colada" de cerca. Es lo menos que podemos hacer habiendo llegado hasta allí. Mientras nos ponemos los grampones comemos las raciones de escalada sin calentar nada. El viento sigue y, aunque menos violento, sería imposible encender el calentador. Salimos. La una del mediodía. Está espléndido de sol y frío. Para llegar al pie de la colada del glaciar subimos una pendiente de nieve semidura. Podemos ver el desarrollo de la pared de hielo. Tal cual la veíamos desde abajo no tiene un acceso fácil. Por lo menos este año. Es puro hielo. Sin nieve. Conocido técnicamente como hielo de corredor. Más lejos hacia la derecha hay una falla que parece no tener dificultades para treparla, pero es muy riesgosa por las paredes extraplomadas que la circundan. Confirmamos entonces que la cosa es allí, donde estamos.

Una cordada mejor entrenada y con técnica de doce puntas podría superarla. El hielo es vidrio. Durísimo. Probamos con la piqueta y pensamos que tallar escalones llevaría mucho tiempo. Lo mejor es doce puntas y relevos; dos personas como máximo por cordada, sobre todo teniendo en cuenta que los relevos hay que hacerlos sobre los grampones o sobre estribos. Por lo menos en las condiciones de este año. La colada tiene una inclinación general de 45º, pero está formada por sucesivas terrazas alternadas con paredes verticales diez o quince metros. El paredón de hielo recorre toda la pared sur en forma de dos amplias curvas, desde el filo sur-este al filo sur-oeste. Menos de veinte metros de altura no debe tener, alcanzando los treinta o cuarenta supuestamente. Vemos caídas de hielo en toda su extensión, casi todo extraplomado y es la hora precisa. En cuanto a la colada, es el vértice de las dos curvas que describe el paredón de hielo y prácticamente el centro de la cara sur. Es lo único que no tiene avalanchas. Desde ese lugar -el pie de la colada-, quedarían por superar mil metros de desnivel. A este cerro se lo comienza a subir prácticamente a la altura del nivel del mar y el punto que alcanzamos no debe sobrepasar los 2700 metros. Con Pablo reconocemos que nuestro estado físico no ofrece posibilidades de ascensión.

Cara Sur del Volcán Lanín, Neuquén
Cara Sur del Lanín

Hacia abajo la pendiente de nieve se prolonga hasta el bosque y vemos el lago Huechulafquen, su brazo Epulafquen, la angostura y el lago Paimún. A lo lejos reverberan el Tronador y el Catedral. La vista es impagable. Vemos perfectamente la verdadera vía de aproximación que es mucho más corta en recorrido y tiempo: saliendo desde abajo y tomando la margen orográfica derecha del arroyo Rucu Leufú, al que nunca hace falta vadear hay que seguir una picada bastante cortada por el poco uso pero evidente. Esto permite acceder a un punto entre el Hombro y el Contrafuerte, que son fácilmente reconocibles. Allí se comienza a subir hacia el oeste y de esa forma se llega rápidamente, sin cañas y con poco bosque achaparrado, hasta las primeras nieves. Después es cuestión de pegarle para arriba en línea casi recta hacia la colada del glaciar, motivo principal de esta escalada.

Como conclusión puedo decir que la Cara Sur del Cerro Lanín es una hermosa ruta de hielo, ideal para una salida corta -si uno vive en la región-, que exige buenos conocimientos de escalada y merece ser encarada como un objetivo en sí misma. De todos modos esa zona constituye de por sí un motivo de visita por su belleza natural, tanto para los que gustan de la escalada, como para los caminadores de montaña.

NOTA: El verano siguiente Pablo con otro amigo escaló la ruta en cuestión, de lo cual me alegré mucho. Yo concreté ese año mi sueño: el traslado definitivo a Bariloche con mi familia.
Actualmente la Cara Sur del Lanín ha sido ascendida en varias oportunidades, especialmente por escaladores del Club Andino de Junín de los Andes.


Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez


 
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