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- HISTORIA DEL MONTAÑISMO -



Travesía al Polo Sur. Parte I
Anuario del Club Andino Bariloche 1995 - 1998
Archivo de la Biblioteca del CCAM
- por Sebastián
de la Cruz -

"Para todos los que amamos la Antártida, ese continente con historias de exploradores y aventureros como Shackleton, Scott o Admunsen, esta es una oportunidad de leer esta excelente nota escrita por Sebastián de la Cruz quien nos demuestra sus dotes de narrador y escritor de una manera simple y clara.

Hemos separado en dos partes dada la extensión de la misma. Aquí va la Primera parte."

Guillermo Martin
Editorial del CCAM

Proyecto de una travesía al Polo Sur

Sebastián de la Cruz tirando de su trineo en la planicie Antártica.
Sebastián de la Cruz tirando de su trineo en la planicie Antártica

Luego de haber coronado con éxito la cumbre del Monte Everest en el año 1992, la expedición de la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales (EMMOE) de Jaca (España), en conjunto con el grupo del programa de TVE "Al Filo de lo Imposible", obtuvo una medalla honorífica de manos de "Su Majestad" el Rey de España, Don Juan Carlos, con el compromiso verbal de apoyar su próximo proyecto: la travesía a pie hasta al Polo Sur.

Mientras esto ocurría, en el año 1993, en el círculo de colaboradores habituales de la serie "Al Filo de lo Imposible", se gestó y concretó el proyecto de la primera travesía Norte-Sur de los Hielos Continentales Patagónicos, de unos 450 kilómetros de recorrido, en casi dos meses de travesía. Dicha experiencia, efectuada a través de la peor climatología existente en el planeta, por zonas totalmente inexploradas, algunas sin siquiera estar cartografiadas, sirvió como fortalecimiento en los métodos y técnicas de desplazamiento y navegación adaptadas a regiones con estas características.

El proyecto de travesía en la Antártida, consecuencia directa y progresiva de la experiencia en el Hielo Continental, se respaldó principalmente en las conclusiones logradas durante la travesía patagónica, adaptando los materiales y la vestimenta de montaña a las bajísimas temperaturas reinantes. La travesía proyectada al Polo Sur se efectuó desde la bahía Hércules - al sur del mar de Weddell, en la "raíz" de la península Antártica, a unos 79° de latitud sur - hasta el Polo Sur, situado sobre los 90°. La ruta trazada tendría 1.150 kilómetros de longitud, y hacía escala de aprovisionamiento en las montañas Thiel, en la mitad del trayecto.

Para realizar esta actividad se seleccionó un perfil humano-deportivo basado en los siguientes criterios:
1 - Experiencia en actividades que impliquen dificultades extremas y duración prolongada.
2 - Capacidad para integrarse en un grupo reducido, asumiendo misiones de alta responsabilidad, individualmente
y dentro de dicho grupo.
3 - Poseer una contrastada capacidad de sufrimiento durante largos períodos de tiempo.
4 - Poseer una elevada resistencia a la fatiga física y psíquica.

Mapa del Polo Sur
Mapa del Polo Sur

Desde Punta Arenas, punto más austral del continente americano, mediante la contratación de los servicios de Adventure Network International, los expedicionarios volaron en un avión Hércules hasta la base de Patriot Hills, a 79° Sur y 88° Oeste, en el continente Antártico. Una vez allí el grupo fue trasladado con una avioneta Twin Otter hasta la bahía Hércules, desde donde se inició la marcha. El avituallamiento aéreo de las montañas Thiel, distantes 500 kilómetros de la bahía Hércules, fue realizado mediante el uso de una avioneta Cessna con capacidad para 300 kg. de carga. El regreso desde el Polo Sur se efectuó en avioneta Twin Otter.

Las raciones de comida fueron preparadas especialmente y al detalle, a igual que el cálculo del combustible a transportar en los trineos. También se extremaron los cuidados para la elección de los equipos de comunicaciones la vestimenta, los trineos y esquíes, los equipos de orientación y la navegación satelital. Nada quedó librado al azar, se incorporaron experiencias anteriores y se contó con modernas novedades tecnológicas y materiales de última generación.


La Travesía Polar

Quién hubiese pensado, verse algún día caminando por la Antártida. En lo particular, debo reconocer que nunca se ha había ocurrido ser parte de una aventura de este tipo. ¡Caminar durante 60 días por los desiertos de nieve y hielo de la Antártida, hasta el mismísimo Polo Sur! Es increíble la cantidad de cosas que es capaz de realizar una persona en este mundo moderno.

Al regreso de la expedición al monte K2 (8.611 m.), en septiembre de 1994, había hecho planes para quedarme tranquilo durante una temporada y pasarla bien en algún soleado valle de la cordillera barilochense. Repentinamente, tras algunos llamados telefónicos y decisiones a las apuradas, me vi embarcado en otra aventura extrema, esta vez hacia el fin del mundo, en dirección al "rodamiento del planeta". La vida complicada y frenética de los tiempos que corren en cualquier ciudad "civilizada" sería reemplazada por la monotonía sistemática de caminar unos sesenta días, a 25 grados bajo cero, unos 1 200 kilómetros hasta el Polo Sur.

Al tomar la decisión analicé minuciosamente lo que me esperaba. En los últimos días de la travesía por el Hielo Continental Patagónico, llevada a cabo en 1993, vislumbré claramente lo que significaría emprender una travesía similar por el continente antártico, en las mismas circunstancias deportivas, pero con 30 grados menos de temperatura. Me convencí de que sería perfectamente factible, sin descontar las consecuentes penurias ocasionadas por las bajas temperaturas. Luego de consumir un exquisito asado en lo de mis amigos barilochenses Angeles y Hugo Verrertbrugghen, salí a las 8 de la mañana del 26 de noviembre de 1994, en un placentero viaje en bus, por el paso Puyehue hacia Puerto Montt, Chile, viaje en el cual me la pase durmiendo. No obstante hubo tiempo para pensar respecto de los cielos en la vida. Me prometí, en el futuro, dirigir el cometa de mi paso por la existencia hacia orbitas más cálidas y sociales que andar visitando la Antártida. No es que no emprenda este proyecto de corazón, al contrario; lo que pasa es que al mismo tiempo que estoy embarcado en esta aventura dejo rodar la imaginación hacia otras posibilidades y conjeturas de vida, con perspectivas algo más agradables que caminar sesenta días con 30 grados bajo cero. Casi sin darme cuenta, dejándome llevar en la realización de mis proyectos locos, me he convertido en un especialista en el terreno de montaña. Mi andar tranquilo, prudente y cada día más maduro se ha establecido en el lugar de los años locos de mi exuberante juventud.

En la estación de buses de Puerto Montt, guardo en el depósito de equipajes mi único bagaje: un gran barril plástico. Allí me encuentro con el amigo español Alfredo Tamayo. Vaya coincidencia. Hace tres semanas que él está viajando por el sur de Argentina y Chile y ahora va a pasar unos días en Bariloche. Mientras almorzamos en un restaurante cercano al puerto exquisitos productos marítimos, me narra sus aventuras por la Patagonia. Por mi parte le recomiendo algunos paseos por las inmediaciones del Nahuel Huapi y la ciudad de Bariloche.
A las 17 hs. nos despedimos, cada cual por su camino. Parto hacia el aeropuerto de Puerto Montt a tomar mi avión que a las 19,30 emprende el vuelo hacia Punta Arenas.

Rumbo al Polo Sur. La travesía antártica insumió 52 días para recorrer 1.200 km
Rumbo al Polo Sur.
La travesía antártica insumió 52 días para recorrer 1.200 km

Ni bien me subo al aeroplano soy recibido por un coro de gritos y risas. Inesperadamente soy saludado por mis amigos y compañeros de "Al Filo de lo Imposible": Toñin Perezgrueso, Pedro Fernández y José Carlos Tamayo. Junto a ellos viajan cinco militares del EMMOE, cuatro de los cuales participarán de la travesía que con José Carlos emprenderemos hacia el Sur. Pocas horas más tarde aterrizamos en el aeropuerto de Punta Arenas, donde contratamos tres taxis para ir a la ciudad con nuestros 24 bolsos y maletas. Tres personas van en bus. Nos instalamos en el Apart-Hotel Colonizadores donde alquilamos tres departamentos para pasar en ellos esta semana de preparativos. En muy poco tiempo me ubico en el manejo económico que reinará en esta expedición. En el aeropuerto, mientras yo me esmeraba para comprimir los bultos en tres taxis, con el objeto de ahorrarme el cuarto, me puse a discutir con los militares españoles, quienes no entendían mi actitud. Aclarado el tema esbozaron una sonrisa complaciente, explicando que no reparara en gastos de este tipo. La expedición fue financiada en un 90 por ciento por el Ministerio de Defensa de España y contó con el respaldo de su majestad el rey Juan Carlos. Los problemas de plata no existirían.

Una pantagruélica cena, regada como corresponde, nos dispone del humor necesario para emprender cualquier travesía hacia el fin del mundo. A los postres me siento plenamente identificado como uno de los artífices directos de esas expediciones conquistadoras que hace quinientos años visitaron Sudamérica en busca de territorios y riquezas materiales y que sirvieron como válvula de escape a mucha gente de una sociedad medieval enviciada y con estratos sociales claramente diferenciados. La presente aventura sería una regresión moderna a esa época española, o si se prefiere, una reencarnación del espíritu de la conquista, cual astro que incendia las almas y encandila las mentes, arrastrando a los cuerpos inocentes en la persecución de sus ideales hasta lanzarlos hipnóticamente nuevamente a la desenfrenada aventura.

Al día siguiente, luego de desayunar coordinamos las actividades a desarrollar durante la semana. Charlando con César Alfano, militar y médico de la expedición, me entero de que él trabaja como odontólogo en la Escuela Militar de Montaña de Jaca, en un proyecto de salud para las milicias, llevado adelante por el difunto coronel Santiago Arribas. El proyecto que originó esta expedición fue gestionado oportunamente por Arribas y tras su fallecimiento, ocurrido en Los Alpes durante el año 1993, le tocó al comandante Francisco Soria, llevar adelante la presente empresa. Poco a poco, a medida que transcurren los acontecimientos, me voy enterando de los pequeños detalles de la expedición, así como de las fuertes personalidades con las cuales trabajaremos codo a codo en ella.

El 3 de diciembre de 1994, hacia la una de la madrugada me dan vueltas algunos pensamientos: voy intuyendo subconscientemente las razones por las que la idea de emprender una travesía por la Antártida tanto le agradó al coronel Arribas. En primer lugar montar una expedición de este calibre requiere de un coordinado trabajo de equipo, meses de preparación y una fría organización con especialistas de amplia experiencia. Todo un desafío, un típico emprendimiento con logística militar. Asimismo esta experiencia concreta un hito para la historia de España en el continente blanco.

El rodaje de un documental por parte del programa televisivo "Al Filo de lo Imposible" servirá para enjuagar e impulsar la imagen de las Fuerzas Armadas ante la sociedad española, ya que hoy en día el movimiento de "formadores de conciencia" arrasa con una gran parte de los conscriptos, materia prima de las milicias. Una expedición de estas características, debidamente filmada, en el marco del viejo slogan "enrólate y verás el mundo", transmitida en las horas pico de la programación por la televisión estatal española, es una de las mejores publicidades con difusión masiva. Es una muy buena idea, que según algunos comentarios "ve tú a saber si no le gustó también a su majestad el Rey". Es, en resumen, un plan para que las Fuerzas Armadas no pierdan su histórica fuerza. ¡España, capital del imperio! Por su parte los viáticos a cobrar son jugosos, un buen extra al salario de los oficiales del Ejército. Los costos de traslado de materiales, pasajes, movilidad en el continente blanco, comidas, compra de equipos, salarios, etc, fueron incluidos en el presupuesto presentado ante el Ministerio de Defensa Español.

Finalmente, la TVE obtiene, a cambio de nuestro conocimiento adquirido en la travesía del Hielo Continental Patagónico (llevada a cabo durante el verano de 1993, ver Anuario CAB' 94) la oportunidad de obtener un documental único en el mundo, a costos insignificantes, como son los pasajes hasta Punta Arenas y los salarios de sus especialistas. El mayor costo son los desplazamientos aéreos hasta y dentro del continente antártico, los cuales son pagados por el gobierno español. Todo cierra.

La antártida es una planicie blanca que pareciera no tener fin, el sol brillaba las 24 hs.
La antártida es una planicie blanca que pareciera no tener fin, el sol brillaba las 24 hs.

Los preparativos continúan. En el puerto franco de Punta Arenas me compro una video cámara "Handicam Hi8", media docena de baterías y seis cassetes. Por su parte en un negocio de herramientas y ramos generales llamado "Stipe", donde también reparan aparatos electrodomésticos usados, negocio y transo una batería de moto, con la cual fabrico un sistema de conexiones para adaptarla al uso de la video cámara. Con esto me filmaré mi propio material, que confío me servirá como recuerdo documental de la travesía. A los días llegan desde Santiago de Chile, Sebastián Alvaro, el director del programa "Al Filo..."; el comandante Francisco Soria, jefe de la expedición y el comandante Francisco Gan. Estuvieron en aquella capital dedicándose a los contactos diplomáticos. Sus sarcásticos humores espolean el empuje del trabajo colectivo.

Esa misma noche el bus nos pasa a buscar por el hotel. Son las tres de la mañana. Concretamos los trámites de migración, con "salida hacia ningún país" y nos instalamos a bordo del avión Hércules. A las 6.40 despegamos. A la hora amanece. En el transcurso del viaje nos anuncian que acabamos de sobrevolar el Círculo Polar Antártico, lo cual significa ni más ni menos, que dada la época del año, no tendremos más oscuridad en todo el tiempo que pensamos permanecer en el continente: dos meses. El viaje es muy agradable y rápido. Llegamos a Patriot Hills (base turística y militar en la Antártida) cerca de las 10.30. Mientras se descarga el avión, un par de motos de nieve ski-doo se dedican a transportar en varias docenas de viajes, toda la carga hasta la base, distante un kilómetro y medio de la pista helada y limpia que sirve para aterrizar. Un vistazo por los alrededores y el viento glaciar me confirman de que sin duda nos encontramos en la Antártida. Estamos frente a una situación nueva a la que tendremos que adaptarnos obligadamente, intentando pasarla lo mejor posible. En fin, el hombre, animal de costumbres, se termina adaptando. Hacia el norte, del otro lado de la pista azul de hielo pelado, se alzan las estribaciones septentrionales de la cordillera de Ellworth, montañas de formas irregulares, entre las cuales sobresale una esbelta pirámide de granito, que aparenta tener una considerable altura. No me extrañaría que sea una montaña jamás hollada por el hombre. El costo que insume venir hasta aquí, las dificultades propias de la montaña y el terrible frío hacen que sea tremendamente duro intentar cualquier ascensión a semejante objetivo. El resto del horizonte se pierde en una línea horizontal, que divide el cielo y el hielo.

A medio día almorzamos en la tienda comedor y por la tarde nos muestran y explican la distribución de la base y sus alrededores, terreno en el cual montamos nuestras carpas y emplazamos el primer campamento. La tienda que sirve de cocina-comedor es el centro de las reuniones sociales. Presenta un ancho de cuatro metros y un largo de quince. La cocina se ubica en el fondo; cuenta con un par de mesas largas y dos estufitas tipo salamandras a gas-oil, en las cuales con un sistema de serpentinas, permanentemente se está derritiendo nieve.

Una tienda roja y cuadrada es la central de comunicaciones. Allí están centralizadas las llamadas por bandas de 80, 40, 20 y 10 metros; microondas para transmisiones satelitales y los contactos con los pilotos que operan en los alrededores las avionetas Twin Otter o Cessna. También se realizan contactos con otras bases científicas en territorio antártico. Es de destacar que es esta la única base de actividad comercial en el continente, la cual además se autofinancia, sin depender del apoyo económico de país alguno. Otra tienda, más alejada, se emplaza cerca de las avionetas Twin Otter y hace las veces de taller. Cerca de la tienda comedor y por detrás del baño igloo hay una tienda circular roja, la cual pertenece al jefe del campamento, Geoff Sommer, el cual nos la presta para emplazar la base de la expedición y el depósito para el material de cámaras y comunicaciones. Diseminadas por los alrededores un sinnúmero de tiendas componen los habitáculos de los pobladores de Patriot Hills, una quincena de personas que pasa todo el verano trabajando en el mantenimiento de esta simpática aldea multicolor.

Preparamos nuestros trineos y esquíes para iniciar al día siguiente la marcha. Sólo resta desmontar nuestras tiendas y empacar las bolsas de dormir y las colchonetas. Por la tarde damos una mano en almacenar en una bodega-galería subterránea, cavada en la nieve, un montón de latas de un galón de combustible. Asimismo hay un garaje subterráneo, donde guardan la avioneta Cessna durante el invierno.

José Carlos Tamayo, amigo y compañero de aventuras de Sebastián, secando sus interiores sobre el calentadoe MSR.
José Carlos Tamayo, amigo y compañero de aventuras
de Sebastián, secando sus interiores sobre el calentadoe MSR

Hacia el atardecer horario (ya que el sol brilla a pleno) nos reunimos con Geoff Sommer. Geoff fue miembro de la expedición transantártica que en 1990 cruzó el continente blanco de un lado al otro, con trineos y perros: 6.000 kilómetros en seis meses. Durante la reunión me percato de varias cosas que nos transmite el maestro Sommer. Una persona a la que hay que mirar a las profundidades siderales de sus ojos azules, descubriendo allí la mentalidad del hombre antártico. Las dimensiones del territorio y su comprensión han forjado su espíritu, haciendo que esta persona tenga una calidez y sabiduría extraordinarias. Entre los temas analizados en profundidad se destacó la orientación, que realizaremos con ayuda del modernos GPS Ensign Scout, verdaderas joyas de la tecnología. Hablamos de los relieves que se nos presentarán por el camino, de los cinco noruegos, de los tres noruegos y de la noruega en solitario, todos grupos que ya habían empezado la travesía hace cincuenta, cuarenta y treinta días respectivamente. Salimos de allí como a las dos de la mañana. (Vale reiterar que en este período en la Antártida hay luz durante todo el día, por lo cual el reloj es la única forma de regular las comidas, los descansos y el horario para dormir).

El día 4 de diciembre de 1994, luego de desmontar las tiendas y desayunar, cargamos los trineos y equipos sobre la avioneta Twin Otter. El plan es ir hasta Bahía Hércules, en el Mar de Weddell, 48 kilómetros al norte de la base y volver hasta esta caminando durante tres días, con los trineos livianos. Nos acompañan Sebastián Alvaro y Toñín, con la intención de filmar durante este primer tramo de la travesía gran cantidad de planos con la cámara grande de 16 milímetros y su correspondiente trípode. Con ello nos aseguraremos una buena calidad de imágenes y se aliviará en alguna forma el trabajo de filmación durante la travesía. Al término de un corto vuelo estamos aterrizando en Hércules Inlet, a 79° de Latitud Sur. Mientras nos preparamos apresuradamente, un ventoso recibimiento nos deja duros de frío. Las ráfagas heladas imprimen una sensación térmica de unos 30 grados bajo cero. Al mediodía iniciamos la caminata bajo las indicaciones de Pedro Fernández, quien vino hasta aquí con el propósito de filmarnos en el inicio de la travesía y desde la avioneta nos pega un par de pasadas rasantes por encima de la cabeza. Comenzamos la marcha con un frontal viento helado, de considerable intensidad. Detrás nuestro viajan los trineos individuales, debidamente enganchados en los costados del arnés.

Rápidamente entramos en calor y siguiendo las indicaciones de Toñín, aprovechamos la marcha para ir filmando diferentes imágenes de la travesía, tanto individuales como grupales. Recorremos 11 kilómetros con rumbo sur, logrando superar los 300 metros de desnivel que separan el mar helado de la bahía Hércules Inlet y las primeras estribaciones costeras. Pasadas las 17 hs. y considerando cumplido el día, montamos campamento bajo las condiciones de viento más fuertes que encontraremos en toda la travesía. Estas condiciones climáticas tan adversas provocan sentir un sentimiento de intimidación para algunos y de ubicación o bien de reencuentro con la naturaleza viva para otros. Con José Carlos les explicamos a nuestros compañeros los trucos requeridos para montar las tiendas en condiciones ventosas. Para ello, en primer término, si las condiciones de la nieve lo permiten, se construye con las palas un muro de nieve con forma de herradura. En segundo lugar hay que clavar en el suelo un par de estacas para nieve, a las que se engancharán los ojales traseros de las tiendas con un par de mosquetones. Luego, con precaución, se arman las carpas. Hacemos una recorrida por el campamento dando pequeños consejos por aquí y allá. La moral está altísima, hoy pudimos filmar bastante.

Al día siguiente ya entramos en el ritmo que será habitual durante la travesía: despertarse cerca de las siete, vestirse y desayunar, salir de las tiendas, plegar a carpa, guardar todas las cosas en el trineo y empezar a caminar. Este día rodamos varios planos hasta las 11, momento en que damos por concluido el tema de la filmación. Caminamos hasta las 17.30 hs, recorriendo unos 17 kilómetros. A Toñín le duele una pierna ya que se está rehabilitando de una quebradura de tibia sufrida hace seis meses. Para solucionar de algún modo el problema tiramos de un trineo doble turnándonos entre varios. Hay muy buena onda con Curro Gan y Pedro Espósito. Son muy agradables y parecen de todo menos los militares convencionales que conocemos de toda la vida. La relación tiene buena perspectiva.

Sebastián de la Cruz sobre su trineo con la brújula esférica utilizada para la navegación.
Sebastián de la Cruz sobre su trineo
con la brújula esférica utilizada para la navegación

En estos primeros días de marcha tenemos la oportunidad de analizar algunos aspectos de la travesía. Entre ellos comprobamos que las raciones de comida que nos tocaron en suerte resultan demasiado grasosas. En su momento, con José Carlos les habíamos entregado nuestras sugerencias acerca del tipo de raciones que debían preparar, pero por lo visto no nos dieron mayor bolilla y agregaron cosas grasosas como ser "pemican" (mezcla de diferentes tipos de carnes y grasa, bien condimentados), seguramente influenciados por los relatos de Reinhold Messner, quien en su libro lo aconseja. A ello le agregaron abundante tocino, jamón serrano, manteca, chocolate, etc. Por otro lado eliminaron en gran medida los hidratos de carbono, pastas y cereales, dejando una irrisoria cantidad que con el correr de los días nos haría sentir cansados.

Al día siguiente volvemos a comenzar a caminar a partir de las 10 hs. A las 11 nos detenemos durante una hora, para filmar y lograr varios planos de lo que sería nuestra travesía. Tras ello continuamos caminando en fila india hacia las montañas de Patriot Hills que ya están a la vista en la lejanía del horizonte, facilitando así la navegación y evitando que el primero de la fila deba mantener la vista clavada en la brújula esférica. La filmadora SR 16 mm. se congela internamente y no hay forma de calentarla, por lo que damos por concluido el rodaje durante ese día. Se decide utilizar la próximo jornada para filmar con Pedro Fernández por los alrededores del campamento de Patriot Hills. Con José Carlos ponemos ritmo de caminata turbo y llegamos a Patriot Hills a las 15.30. Nos tomamos unas bebidas calientes y charlamos con la gente de la base hasta que llega el resto del grupo. A esta altura ya me siento un nómada del hielo, perfectamente compenetrado con el medio. Después de haber andado unos días por "desiertos blancos" recalo gustoso en este oasis de vida y comodidades. Ni hablar de las exquisiteces que preparan Tania y Nina, las encantadoras cocineras. Tania es canadiense y Nina noruega. Con la primera hablo en inglés y con la segunda en francés, resultando todo muy divertido. Les hago un trueque de dos de los diez litros de aceite de oliva que traje desde Bariloche por seis kilos de avena.

Cuando llega el resto del grupo almorzamos y rodamos planos de caminata y armado de campamento. Cenamos y luego nos reunimos con Ceoff que nos presta la radio de banda de 10 metros y 10 watts de potencia. Con ella confiamos que se solucionarán los problemas en las comunicaciones, ya que la radio que trajimos no funcionó debido al intenso frío. Ceoff no obstante no se muestra demasiado optimista, ya que parece ser que Messner la llevó y no le sirvió de mucho una vez que se alejó de la base un par de cientos de kilómetros. Planeamos el reavituallamiento aéreo en las montañas Thiel. Las posibles variables se conjeturizan y se buscan soluciones hipotéticas. Cada detalle debe quedar claro para poder saber que tipo de decisión tomar en el momento requerido. En el caso de que se interrumpa la comunicación radial, gracias a la radiobaliza Argos se sabe en Toulouse (Francia) nuestra posición por medio de satélites. Dicha información es transmitida a la base de A.N.I en Punta Arenas, la cual la retrasmite al campamento de Patriot Hills. Otro canal a utilizar es el de la Escuela Militar de Montaña de Jaca, que gracias al teléfono satelital que trajimos, del tamaño de una maleta y 6,5 kg. de peso, permitiría que nuestros compañeros en Patriot Hills sepan nuestra posición. La radiobaliza se prenderá únicamente durante 3 horas a la noche y por su intermedio, la información recibida, procesada y retransmitida, llega a Patriot Hills unas 8 horas más tarde.


En marcha

Al día siguiente desarmamos la carpa y desayunamos a las ocho. Mientras los demás desarman sus tiendas me pongo a charlar con las re simpáticas cocineras quienes con todo el cariño antártico me dan una bolsa de bizcochos dulces y un par de tortas preparados especialmente para nosotros. Mientras "Cupido" anda revoloteando por los alrededores, voy hasta la tienda-depósito a buscar el material de cámaras, películas 16 mm., baterías y el panel solar que llevaremos de paseo al Polo. Salimos cerca de las 10 hs, tras abrazos, despedidas y guiñadas de ojos cómplices. Caminamos sin parar hasta las 14.30 hs. En dicho lapso recorremos zonas de hielo pelado, y sorteamos las montañas Patriot Hills por el este, siempre en dirección al sur. Remontamos la suave lengua glaciar que desciende al este de las lomas de Patriot Hills, hasta montarnos a un altiplano. Paramos a las 17.30 hs, habiendo recorrido según el G.P.S 18,5 kilómetros.

Cocino algo mientras José Carlos realiza una inspección a la tropa militar de montaña. Benito Molina y Pedro Espósito en una tienda; Curro Soria y Curro Gan en otra. Mientras comemos una exquisita polenta con queso le explico a mi amigo mi punto de vista filosófico respecto de la ley de la relatividad aplicada al desarrollo de nuestra travesía.

El día 9 de diciembre arrancamos recién a las diez horas, debiendo esperar y ayudar a los Curro a desarmar su campamento. Filmamos bastante durante la marcha hasta que se empieza a trabar la fumadora Bouliau a batería. Seguimos con la Bouliau a cuerda. Caminamos unos 23 km. parando a las 17.45 hs. Para la cena hay polenta condimentada con pemican.

Una de las tantas paradas efectuadas durante la marcha, para descansar cada uno se sentaba en su trineo.
Una de las tantas paradas efectuadas durante la marcha, para descansar cada uno se sentaba en su trineo

Al otro día salimos hacia las 9.30 hs. y caminamos tranquilamente hasta las 17.45 hs. Resultado: 24,2 km. recorridos. Los militares adquirieron la posición de retaguardia del grupo. Esperamos que no se acostumbren. Al momento de cocinar, entablamos con José Carlos una discusión barométrica. El sostiene que dentro de nuestra tienda, con el calor humano y el de los calentadores, hay una presión atmosférica levemente distinta y mayor que afuera de ella, posición yo no comparto. Discutimos largo rato esgrimiendo cada uno sus argumentos hasta que logra convencerme o me dejo convencer para no pelearnos, ya en los primeros días de la travesía.

Nuevamente nos despertamos a las 7.30 hs, preparamos todo e iniciamos la marcha dos horas más tarde. Paramos a las 18.00 hs. habiendo recorrido 25 kilómetros y medio. A las 20 ya comimos y secamos todas nuestras cosas. A 21.00 hs. establecemos comunicación radial. Durante la marcha hay mucho tiempo para pensar y filosofar sobre diferentes aspectos de la vida. Durante la presente jornada estuve pensando acerca del matrimonio, llegando a la inclusión de que en una pareja el hombre debe adquirir el papel de mano derecha y la mujer de mente izquierda. Es una teoría nomás. Por la radio mando a pedir la tangente de 3 dividido 1200 para saber la pendiente promedio que encontraremos en el terreno hasta el Polo Sur. (Tg de la altura del polo 'idido la distancia del cateto mayor).

En los próximos doce días recorreremos alrededor de 316 kilómetros, superando ligeramente los 25 kilómetros diarios de promedio. El grupo adquiere un buen ritmo gracias al empujón inicial logrado durante los primeros días. Hasta el más débil y estropeado marcha hoy a ritmo constante. Gracias a esto todos participan del liderazgo y la navegación. En los primeros días la declinación magnética con la que nos manejamos era de 46° y el rumbo hacia donde vamos, las montañas Thiel de 142° magnéticos, lo que equivale a 188° geográficos. Estamos avanzando 8° hacia el oeste, con respecto al Polo Sur. Por las noches establecemos enlace radial con Patriot Hills. En dichas comunicaciones nos enteramos de que nuestra película, filmada en oportunidad recorrer el Hielo Continental Patagónico, ganó un primer premio en el festival de cine de Banff, en Canadá.

El tiempo se mantuvo en general bastante bueno pero frío. Avanzamos bien aunque algunos días la tropa estuvo cansada. Todos presentaron ampollas incluso José Carlos tuvo un dedo infectado, pero bajo control. Por suerte en esta primera etapa no sufrí ningún problema ni estuve demasiado cansado. Un día por la mañana me tomé las pulsaciones, teniendo 40 puls/min. Por la tarde repetí la operación llegando a las 53 puls/min. Mientras camino miro el plano hacia todos lados, infinito a la vista. Las zonas del cielo, en cambio, son distintas entre sí por las nubes, las diferentes luces y los variados matices. Caminando hace frío, por lo cual manos y cara se ven castigados. Estando en movimiento la temperatura se estabiliza y se mantiene al límite del punto de sudor, ideal para no deshidratarse ni mojarse la ropa interior. Las paradas para descansar, realizadas a intervalos regulares, nunca sobrepasan los 10 ó 15 minutos ya que un intenso frío nos ataca al irse enfriando el cuerpo. Carámbanos y estalactitas recubren las zonas de la chaqueta cercanas a la nariz. Asimismo, una costra de hielo de la cual chorrean estalactitas, se forma en el interior de la máscara, pegándose a la cara y a la barba si uno se descuida y no mantiene un chorro de aire caliente dirigido hacia esa zona. Un día Curro Soria implemento el uso de las mascarillas de neoprene que nosotros veníamos usando constantemente. En la primer hora y media de caminata se le pegó la parte inferior de la barba a la estalactita de hielo, imposibilitándole sacársela, por lo que no pudo beber ni comer en todo el día. Las risas de sus compañeros fueron la respuesta a su negativa de cortarse los pelos que habían quedado pegados.

Rápidamente instituimos el ritmo diario de marcha. Comenzamos a caminar entre las 9.18 y las 9.30. Inicialmente realizamos dos etapas de 1 hora y media con un intervalo de 10 minutos para el descanso, parando para merendar hacia las 12.30 -12.45. A partir de allí continuamos con dos series de una 1 hora y cuarto hasta las 15.30 hs. Luego se pasa a 2 series de 1 hora cada una hasta las 18.00 hs. Las tiendas, con todo el equipo en su interior, deben estar perfectamente montadas a más tardar a las 18.20. A la par que se cocina en uno de los calentadores en el restante se va derritiendo nieve para obtener agua, la cual se va acumulando en los cuatro termos. También solemos preparar mate cocido para beberlo mientras se prepara la comida. Para comer demoramos unos 20 minutos, tras lo cual pasamos a secar las botitas interiores, plantillas, guantes, máscara, medias, gorro y eventualmente algún otro equipo. Al mismo tiempo se vuelve a preparar mate cocido. Con el calentador MSR "Whisper Ligth" se secan las prendas, mientras que para cocinar y usamos el MSR "Multifuel CXL", más ruidoso.

Las tareas finalizan cerca de las 21.00 hs, momento en el cual nos mudamos a la tienda de Benito y Pedro para el enlace radial y para hacer vida social. Es el único momento del día en que se descubren las caras y se puede hablar de algo. En su defecto, es posible permanecer en la bolsa de dormir leyendo algún libro, escuchando el walkman o bien cosiendo arreglos en alguna prenda. A las 22.00 hs se "prepara la cama" y se duerme hasta las 7.30 del día siguiente. A las 8.00 ya estamos vestidos y con las botas plásticas puestas, con la bolsa de dormir y las colchonetas (una de neoprene y otra inflable) convenientemente guardadas. Desayunamos tranquilamente durante unos 30 minutos. Por las mañanas no hace falta manipular el calentador y los trastos de cocina, ya que cada noche se preparan cuatro termos con agua caliente. Dos son para el desayuno y los otros para consumir durante la marcha.

Hacia las 8.30 hs. llega el ceremonioso e impostergable momento de aliviar la tripa gorda. Es cómico, todos los días a esta precisa hora surge la imperiosa necesidad fisiológica, como si estuviese programada mediante un reloj exacto. El hombre es un animal de costumbres y esta costumbre nos permite transitar cómodamente a lo largo del día. A las 9.00 hs. salimos de la carpa, guardamos el equipo sobre los trineos, desmontamos las tiendas y en menos de 20 minutos comenzamos a caminar. Así transcurre cada día, un calco perfecto del anterior.

Sebastián de la Cruz en el interior de la tienda, preparando agua paratomar mate.
Sebastián de la Cruz en el interior de la tienda, preparando agua paratomar mate

En la comunicación nocturna del 20 de diciembre nos enteramos de que nuestra radio baliza Argos ha dejado de emitir su señal, informándosenos que no llega nada a Toulouse vía satélite. Le hacemos una "autopsia" electrónica y la conclusión es que se quedó sin batería. Nos comunicamos con Patriot Hills a las 21.00 hs. y dejamos grabado un mensaje para nuestras respectivas familias, aunque el 24 de diciembre hacia las 17, en vísperas de Nochebuena, intentaremos hacer un enlace en directo hasta nuestras casas, con el teléfono satelital.

El día 24 navegué tres horas por la mañana y luego lo hizo el resto del día Curro Gan. Todavía parece estar aprendiendo así que le dijimos que si cumplía las diez horas de navegación lo condecorábamos con el título de "Navegator". Por el momento nos vamos turnando en la navegación con José Carlos y Curro, bueno que empiecen a hacerlo los demás, como terapia para mantener ocupada la mente. Durante la marcha pasamos el nunatak Pagano y las "Hart Hills" y apuntamos nuestro rumbo hacia los 138° magnéticos, a la izquierda deI nunatak Stewart. Ponemos rumbo al Stewart Hill, que mañana sobrepasaremos por el Este. A las 17 nos comunicamos con Patriot Hills. Desde base llaman por el teléfono satelital a las familias de cada uno de nosotros y hablamos en directo cada cual con los suyos. En España ya habían cenado, eran las 22hs, en cambio en Bariloche recién volvían de hacer las compras para cena de Nochebuena.

25 de diciembre. Salimos a las 9.30 hs. y marchamos durante 8 horas. Al mediodía sobrepasamos el nunatak Stewart. Según la carta nos quedan 102 kilómetros hasta las montañas Thiel.

26 de diciembre: Partimos nuevamente a las 9.30 hs. y volvemos a detenernos las 18, habiendo recorrido 25.100 metros. Me siento un poco cansado, tal vez el trineo desliza menos sobre esta nieve. De todos modos agradezco la hora en que nos detenemos a montar el campamento, lo cual filmó.

Día 27: Durante la noche se levanto un fuerte viento. Decidimos quedarnos “bloqueados" por el mal tiempo y aprovechamos para descansar. Nos levantamos pasado el mediodía y preparamos un arroz. Luego vamos a la tienda de Pedro y Benito a una reunión con los Curros. Analizamos qué hacer con el equipo Argos. Se nos informó que la empresa licenciataria nos mandó equipo nuevo desde Toulouse a Punta Arenas y desde allí, en el próximo vuelo de A.N.I. será enviado a Patriot Hills. Luego seguimos descansando y durmiendo. Escuchamos las noticias internacionales en la mini radio SW que tenemos. Esto hasta la hora de la comunicación. Se habla por la radio con Sebastían Alvaro que dice que el Hércules está esperando las condiciones meteorológicas propicias para volar hacia el continente blanco. Sería posible que nos lleven el Argos nuevo hasta el avituallamiento emplazado en las montañas Thiel. Nos informan que mañana a la mañana saldrá hacia el monte Thiel la avioneta Twin Otter para llevar gasolina y que nos sobrevolará cerca las diez y media. En la sección de chistes (cada día nos relatan uno) nos cuentan el de las tres mujeres y la banana, muy bueno pero poco apto para la publicación de montaña.

El día de los inocentes transcurre nuevamente con mucho viento. Nos quuedamos durmiendo hasta las 13 hs. Es ésta una técnica muy apropiada para descansar y acortar el día de espera.

El 29 el tiempo vuelve a presentarse bueno. En casi ocho horas recorremos otros 28,3 kilómetros. Por la noche, al regresar del enlace radial, José Carlos me comenta que aparecieron algunos roces con nuestros compañeros y los de A.N.I., empresa que quiere cobrarles 200 dólares diarios como derecho de acampe a cada uno. Esto no estaba previsto en el contrato, ya que en principio nos acompañarían durante los primeros 500 kilómetros de marcha, medida de la cual afortunadamente desistieron. Finalmente los españoles llegan a un arreglo con el piloto del avión Twin Otter, mediante el cual este cargará "de contrabando" unas bolsas de raciones hasta Thiel, solucionando de esta forma el exceso de equipaje. La condición es que cuando lleguemos a Thiel debemos esconder las bolsas para que no las vea el piloto de la avioneta Cessna. ¡Jua, Jua¡¡ Los pilotos de las avionetas Twin Otter están aliados contra la patronal de A.N.I. y el piloto de la avioneta Cessna, quien hace las veces de empleado "chupa medias".

Al día siguiente recorremos otros 28 kilómetros
. El tiempo sigue bueno pero una brisa muy fría sopla durante toda la jornada. Por la mañana filmamos con la cámara de 16 milímetros y también en video, hasta terminar los carretes de celuloide, los cuales despacharemos desde Patriot Hills, campamento del cual recibiremos película virgen y baterías para la filmadora. El paisaje es bonito, se comenzaron a ver unas estribaciones rocosas al sudoeste denotadas en el mapa como Hamilton Hills. Rocas negras cubiertas en algunas partes por hielo, deben tener 600 o 700 metros de desnivel. Desde una meseta superior, escondida detrás de los picos rocosos, desciende por ambos lados la planicie helada. Por allí deberemos pasar para lograr montarnos sobre la meseta antártica, que con un diámetro de 1.000 kilómetros cubre en promedio de 2.800 metros de altitud sobre el centro del continente. Me da la sensación de que la Antártida es una montaña cónica ultrachata, a la cual estamos ascendiendo desde el nivel del mar hasta el Polo Sur situado a 3.000 metros de altitud.

Avioneta Twin Otter en Patriot Hill, en momentos en que iniciamos el vuelo hacia la bahia Hercules.
Avioneta Twin Otter en Patriot Hill, en momentos en que iniciamos el vuelo hacia la bahia Hercules


En el próximo mes se publicará la Segunda y última parte de esta aventura.


Área Restauración Fotográfica del CCAM: Natalia Fernández Juárez

 
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