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Agosto 2013 – Revista Digital Nro 42
La Vida de Antonio Pedro Beorchia Nigris

El explorador de las Misteriosas Cumbres!!!
Segunda Parte

José Herninio Hernández, Coronel (RE)
José Herninio Hernández
Coronel (RE)

- Por José Herminio Hernández, Coronel (RE) -
"Enciclopedia Incompleta de Montaña"


Restauración Fotográfica:
Centro Cultural Argentino de Montaña, Natalia Fernández Juárez

Montañista, Arqueólogo Autodidacta, Investigador, Explorador, Espectador, Cronista y Actor protagónico de Aventuras en la Montaña.

Es un honor para el Centro Cultural Argentino de Montaña publicar la segunda y ultima parte de la biografía de uno de los pioneros más importantes en la investigación Arqueológica de Alta Montaña en Argentina, además de ser un montañista explorador e investigador de nuestras raíces, cuando lo visite en su casa en la provincia de San Juan hace unos años, siempre se manifestó de una manera humilde y solidaria, ávido de compartir su experiencia y con un bagaje de anécdotas que describen un capítulo importante en la historia del montañismo en nuestro país,
aquí su vida....

Guillermo Martin
Director del CCAM

 

 

Antonio, contrajo matrimonio con Edda Elena Yacante, con quien trajo al mundo cuatro hijos. Se hizo apicultor de profesión, y además ha trabajado como periodista y fotógrafo, actividades éstas que lo hicieron muy conocido en el ambiente sanjuanino; sus aproximaciones a la montaña, muchas veces atenuadas por el transporte de algún ganado caballar o mular, lo atrajo y le acercó a aquellos conocidos y amigos, que llevaban muchos años de experiencia y del manejo con este ganado, lo cual, lo arrimaron más a nuestra tradiciones gauchas, que él hacía bastante tiempo que venía registrando. Referente a esto, nos comentaba:

Antonio Beorchia a 5.500 mts. en el Veladero con tormenta, 1988

Con el tiempo, me fui identificando también con los gauchos y es fácil de explicar. Porque a medida que empiezas a encanecer, descubres la riqueza de las costumbres, los espartanos métodos de subsistencia y, sobre todo, la calidez humana de nuestros pastores criollos atareados en las veranadas de altura. Te interesas por ellos, aprendes a estimarlos y hasta a quererlos.

¿Los pastores trashumantes no son acaso medio gauchos?

Todos son arrieros y baqueanos de su zona, amantes del buen vino, de las conversaciones junto al fogón, algunos hasta virtuosos con la guitarra y, todos, capaces de preparar los incomparables corderos al asador en Patagonia o los chivitos a la parrilla en Cuyo.

De la convivencia con los pastores cordilleranos a sentirme atraído por el movimiento gaucho fue solo cuestión de tiempo y de madurez; así pronto me identifiqué con ellos. Yo siempre amé los caballos junto con los infinitos espacios abiertos que ellos sugieren. Tuve hasta siete caballos hasta hace algunos años y hoy aún conservo un bayo encerado o bayo champagne, sobre cuyo pelaje no se ponen de acuerdo los entendidos. Les recuerdo que nuestros gauchos distinguen más de trescientos pelajes diferentes.

Con el tiempo algunos los regalé; los restantes me los robaron los infames cuatreros locales para sacrificarlos y fabricar con ellos embutidos, como es su costumbre. Para no perder a mi Huamán, Halcón en quechua, construí para él un box junto a mi casa, y ahí lo tengo, tan regalón como una mascota. Lo ensillo dos o tres veces por semana.

¿Por qué digo “cuestión de tiempo y de madurez”?

Porque cuando empieza uno a interesarte por la identidad nacional; cuando oyes hablar de globalización; cuando día y noche te bombardean hasta el hartazgo con seudas músicas y canciones cantadas en inglés; cuando descubres que muchas de estas modas apuntan a desvincularnos de nuestras tradiciones y creencias. Cuando los medios de comunicación te hartan no digo con temas relacionados con la sexualidad, sino con la genitalidad descarnada, sin afectos ni compromisos; cuando te das cuenta del adviento grosero de todas estas nefastas y nefandas novedades y poco a poco descubres otras peores… entonces para no naufragar en el cieno de la nada, es cuando te aferras de tu fe y tradición. Hace unos veinte años, en efecto, me asocié a la flamante agrupación gaucha local “Martín Fierro”; más tarde desde la cúpula de la Confederación Gaucha Argentina me invitaron a colaborar con ellos, y ahí estoy todavía, cumpliendo tareas en la Secretaría de Cultura de la misma institución, junto con la muy querida profesora Hebe Almeida de Gargiulo.

Aconcagua visto desde el río Volcán, Aconcagua

Antonio Beorchia en el valle de Las Vacas, Aconcagua 1959

Decía hace algunos años, y lo sigo sosteniendo al día de hoy: Ser gaucho no es una cuestión de vestimenta o de especial aptitud para tareas camperas, sino fundamentalmente, una conducta y un compromiso de vida ante Dios.

Más de mil doscientas agrupaciones gauchas de todo el país, reunidas en 24 Federaciones provinciales, integran la Confederación Gaucha Argentina, a la cual este Gringo Gaucho –así me identifican- consubstanciado con su filosofía, procuro ser útil.

Ahora bien, si nosotros somos conscientes de este re-nacer de la auténtica argentinidad, también deben saberlo nuestros colonizadores culturales y económicos. Me refiero a ciertos poderes internacionales enquistados en los gobiernos de filosofía imperialista, ocultos, disfrazados, con fachada de fundaciones internacionales (multimillonarias y de aparente filosofía filantrópica), que maquinan, presionan, socavan, para manejar desde la sombra los hilos de nuestro porvenir.

Son los mismos poderes que a través de una colosal deuda externa impuesta y mediante la concesión de nuevos empréstito que incluyen en sus cláusulas.

Una nación así es fácil de manejar a beneficio propio. Poco a poco se pretende transformar a la Argentina en un pesado buey incapaz de pensar por sí mismo, para valerse de cuyos recursos y trabajo será suficiente echar mano a una larga pértiga con un aguijón en su extremo. Con todo esto se habrá notado que  mi apego al movimiento gaucho nacional va más allá del simple amor por el caballo, el canto vernáculo, las vistosas pilchas gauchescas y los espectáculos de doma.

De allí la urgencia de sentirme no solo argentino por adopción, sino Gaucho.

Al Volcán Misti, 1981. Arequipa, Perú

¿La montaña con sus múltiples facetas ocupa necesariamente el peldaño más alto de nuestra atención?

Al respecto creo que no se necesitan demostraciones para formular la siguiente proposición: la escala de valores en orden a la montaña es tan dispar entre los andinistas como lo es su número. Uno sabe que todos poseemos una escala de valores personal casi nunca definitiva e inamovible. Un político ubicará en el peldaño más alto de sus intereses la pasión por las artes (¿artimañas?) de la política; un deportista lo hará con su deporte favorito; un científico prestará muy poca atención a las competencias deportivas o a los avatares de la politiquería, para centrar su interés en determinada investigación o materia de estudio…

Podría dar otros muchos ejemplos. Y nosotros los montañeros, ¿qué consideramos trascendente? En cuanto a mí, el azar me hizo descubrir en enero de 1964 (junto con el fallecido andinista Erico Groch), el cuerpo naturalmente momificado de un joven chasqui de probable origen altiplánico, sacrificado a más de seis mil metros de altura en tiempos de la expansión incaica al Sur de su imperio, es decir, entre los años 1470 a 1530 de nuestra era, poco más o menos. Y bien, lo puedo decir sin tapujos: a partir del año 1964, fue cuando se empezó a hablar de arqueología de alta montaña como una nueva disciplina de la arqueología clásica. Es cierto que al estar en contacto con los vestigios de antiguas culturas americanas, encontrarse ante el enigma de un holocausto humano, uno no puede menos que estremecerse meditando en esas jóvenes vidas ofrendadas a dioses en los cuales no creemos. El misterio de los sacrificios humanos andinos encierra en sí un profundo misticismo, digno de asombro, de respeto, de meditación y de investigación. Junto a las ruinas de un santuario indígena de altura siempre me sentí emocionado, intranquilo, con la recóndita sensación de ollar suelo sagrado y con una enorme pregunta a flor de labios:

¿quién?, ¿porqué?, ¿cuándo?, ¿desde dónde?

No me dejé sin embargo tentar por la posibilidad de identificarme con las antiguas creencias andinas, tal como le sucedió a dos o tres arqueólogos de mi conocimiento. Solo busqué respuestas, y lo que encontré es el largo camino de los indígenas americanos en pos de lo trascendente. Pero no lo consideré trascendente para mí, solo interesantísimo.

Para mayor claridad, procuraré sintetizar –dentro del alcance de mis pocas luces- las razones místicas respecto a la necesidad de efectuar sacrificios humanos en tiempos del incanato. Aclaro que es una opinión personal y como tal puede ser ampliamente refutada por los entendidos, si acaso digo macanas (desasiertos).

1º Ascensión a los Nevados de Chuscha, 1984

Hoy nos espanta ver el cuerpecito de la niña de los nevados de Chuscha, muerta a causa de una profunda cuchillada o lanzazo que desde los omóplatos le atravesó el tórax, para salir a la altura del esternón. El grito de dolor que la pequeña criatura lanzó en esos terribles instantes, aún se observa como congelado en su rostro.

El chasqui del nevado El Toro, fue estrangulado con un lacillo de cuero, pudiéndose  ver todavía sobre su cuello el profundo surco acintado que dejó el lacillo con el que lo ahorcaron. La doncella y sus dos pequeños acompañantes (un niño y una niña) del volcán Llullaillaco, fueron drogados y dejados morir por congelamiento.

Lo mismo podemos decir del niño del Plomo, en Chile. La niña y la joven mujer del cerro Esmeralda, halladas a solo 900 metros sobre el nivel del mar en la costa del Norte chileno, fueron estranguladas y otros.

¿Qué pensar cuando constatamos semejantes barbaridades?

Lo primero que se nos ocurrirá será rasgarnos las vestiduras y tildar de bárbaros asesinos a los autores de esas muertes. Pero investigando, con el tiempo descubriremos una realidad muy diferente, o por lo menos así me parece a mí.

Si lo puedes oír sin indignarte, una realidad mística no indisolublemente alejada de nuestras creencias. En efecto: ¿no es un sacrificio humano –incruento- el que en cada misa ofrecen a Dios sobre el altar los sacerdotes en el momento de la consagración? Miremos hacia atrás: ¿Abraham no estuvo a punto de sacrificar su hijo único, Isaac, y de hecho lo sacrificó intencionalmente, porque Dios se lo pidió para probarlo en la fe? “Toma a tu hijo único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécele allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te mostraré”, dice la Escritura.

Según podemos colegir, en aquellos tiempos los sacrificios humanos entre los primitivos hebreos, no eran mal vistos.
Los Incas los efectuaban con cierta frecuencia, a pesar de la opinión contraria del gran mestizo Gracilazo de la Vega, como lo demostraron varios cronistas en tiempos de la Conquista y lo confirma la arqueología moderna.

Sacrificios humanos al por mayor los realizaban los Aztecas en Tenochtitlán y en Tlatelolco, como también los Mayas, en el Yucatán.
Hace algunos años mi amigo el doctor Patrick Tierney, demostró la realidad actual de un sacrificio humano entre los Mapuches.

Antonio Beorchia, enero 1985 en La Ramada Sur

Antonio Beorchia, 1985

Sacrificios humanos con fines satánicos tienen lugar aún, junto al lago Titicaca en la zona de Puno. Abre una página Web sobre este tema y te encontrarás con infinitos casos de sacrificios humanos llevados a cabo en nuestros días, casi siempre relacionados con sectas satánicas. Pero la distancia mística entre los antiguos sacrificios y los actuales es abismal.

En tiempos del incanato los sacrificios humanos eran verdaderos holocaustos impregnados de un elevado misticismo. La nación Inca era animista. En cada montaña o nevado descollante, en cada roca notable o disforme, en las fuentes de los ríos y arroyos, en el rayo, en el trueno, en figuras de animales o cosas que llamaban la atención, el vulgo veía una divinidad.

Era tal, entre ellos, el Panteón de ídolos grandes y pequeños capaces de otorgar beneficios o dispensar venganzas, de seres mitológicos o fantásticos, que la ciencia moderna nunca conseguirá siquiera inventariarlos. Sin embargo, los altos sacerdotes, los dignatarios y los sabios amautas, poseían una religión mucho más adelantada, semejante en cierto modo a las creencias de los antiguos hebreos.

Creían en un Dios Creador, el Pachacamac; adoraban a Inti, el Sol; a Quilla, la Luna; a Illapa, el Rayo…

La infinidad de ídolos menores en los que creía el pueblo ¿no nos trae a la memoria la muchedumbre de los santos y beatos que veneramos hoy? o, descendiendo algunos peldaños, ¿no nos recuerda en cierto modo a esos personajes entre míticos y reales que venera nuestro pueblo argentino? Solo aquí en San Juan, tenemos a la muy famosa Difunta Correa, que otorga gracias o castiga según los casos; tenemos al gaucho José Dolores, muy venerado por algunos, o al Gauchito Gil, no hace mucho llegado acá desde la devoción popular de otras provincias… A ellos, vuelven una y otra vez muchos sanjuaninos para impetrar una gracia o para cumplir una promesa.

Sin embargo, en el caso puntual de la Difunta Correa, sus seguidores ni siquiera han conseguido demostrar la existencia histórica de esa desdichada madre. Volviendo al por qué de los sacrificios humanos entre los Incas, diré que ellos alcanzaron el concepto del pecado personal o colectivo como desestabilizador de la armonía universal.

Creían que muchos desastres naturales eran causados por algún grave pecado, como por ejemplo sucedió con la erupción en tiempos históricos del volcán Misti, próximo a la ciudad de Arequipa, en Perú, al cual ofrecieron nada menos que seis vidas humanas, cuyos restos fueron encontrados por el arqueólogo doctor Johan Reinhard, enterrados junto a dos plataformas ceremoniales cercanas al borde del cráter de dicho volcán.

Expedición a Pueblo Viejo, 1986

¿Acaso existe una ofrenda más valiosa que una vida humana ofrecida en nombre y por toda
una comunidad doliente?

En ocasión de pestes, sequías, guerras, grandes calamidades o acontecimientos excepcionales como la asunción de un nuevo Inca, se ofrecían víctimas humanas en holocausto en todo el vastísimo Tahuantinsuyu.

Esta búsqueda a tientas de lo trascendente por parte de los Incas y de muchas antiguas civilizaciones ¿no nos recuerda, repito, el largo camino espiritual recorrido por el pueblo hebreo hasta el adviento de Cristo?

La gran diferencia está en que a nosotros se nos dio la Revelación y a las antiguas civilizaciones, NO, porque los tiempos aún no estaban maduros para ellos. Es probable que si Cristo, hubiese predicado también aquí en América (como ingenuamente creen los mormones), antes de la llegada española, los Conquistadores se habrían encontrado con una religión muy semejante a la cristiana, en lo esencial.

Decía recién que los Incas habían alcanzado la noción del pecado personal o colectivo, como factor nefasto en orden al bien común. Una vez al año (si mal no recuerdo en ocasión del solsticio de invierno, o Inti Raymi, que significa solemne fiesta del Sol), entre otros ritos cada indio entregaba a la corriente del arroyo que aún hoy cruza por la ciudad del Cuzco, una pequeña canastilla que contenía simbólicamente los pecados personales y, sin mirar hacia atrás, dejaba que el agua la llevara hacia lugar descampado.

El simbolismo de este rito es claro. Ahora bien, en el caso de un acontecimiento de excepcional magnitud, la ofrenda consistía, como ya expresé, en una o más vidas humanas, que debían ser niños o niñas sin mancha ni defecto, casi siempre hijos de dignatarios, o jóvenes de ambos sexos elegidos a lo ancho y a lo largo del imperio.

Para los familiares y para el ayllu de la víctima, aquello significaba un gran honor y resultaba también fuente de grandes privilegios. Era pues una entera comunidad la que ofrecía, casi siempre de su grado, la persona a ser sacrificada, en el nombre y para beneficio de todos. La misma víctima se transformaba en adelante en un ser al que se le podía pedir favores particulares.

Hacia el Volcán Veladero (6.448 mts.), 1987

Antonio Beorchia, expedición al Nevado Veladero, La Rioja, 1987


Los ritos de la Fertilidad, eran quizás los que más vidas humanas exigían.

De allí la impresionante serie de “momias” descubiertas sobre los altísimos nevados andinos. Los Incas, además de ser excelentes astrónomos, conocían todo lo concerniente al ciclo de las estaciones, de las lluvias y de las nevadas. Relacionaban con conocimiento de causa el aporte de las nieves y glaciares como alimentadores de ríos y arroyos, cuyas aguas eran indispensables para el riego de sus sementeras. De donde surgió la necesidad de impetrar al dios de cada nevado para que éste siguiera otorgándoles el agua bienhechora, indispensable para la vida misma de las comunidades andinas.

La montaña les facilitaba asimismo pastizales para sus rebaños de llamas; oro, plata y cobre para sus artesanos; animales de caza, y otros beneficios. Resulta por tanto obvio que los grandes nevados tuvieran para ellos una trascendencia difícil de entender hoy.

Hasta nosotros los andinistas, cuando admiramos una montaña cubierta de glaciares eternos, a veces nos sentimos subyugados por su imponencia y belleza y en nuestro corazón bulle el deseo de “conquistarla”, tal como se conquista la mujer de nuestros sueños.

Resumiendo: si lo meditas con atención, uno mismo descubre que el camino espiritual de los Incas, se asemeja al de los antiguos Patriarcas hebreos. Tengo para mí que los Incas alcanzaron a vislumbrar, como entre nieblas, el misterio de la Redención. No por nada se asombraron tanto los primeros frailes y sacerdotes que pisaron suelo peruano, a causa de ciertos ritos y creencias semejantes a los de la fe cristiana. Ellos, achacaban al diablo dichas semejanzas. Sin embargo yo las veo con óptica más fraternal. Es por ello, que he tratado de dejar lo que pienso documentado.

Retrato de Antonio Beorchia
Pintura realizada por la Lic. Adriana Beatriz Scarso, Profesora de la Universidad del Salvador


Sino: ¿De qué sirve descubrir algo si no se comparte?

Una expedición, un paisaje, un hallazgo, la conquista de una cumbre invicta, siempre son más gratificantes si uno cuenta con amigos al lado. Hasta los mayores afanes, las tragedias, las enfermedades, las persecuciones, las desgracias más crueles, resultan menos agobiantes si contamos con una voz amiga que nos sostenga. ¡Cuánto más las intensas vivencias que nos regala la montaña!

En lo personal pretendo ser gregario por naturaleza, familiero, fiel en la amistad. Por consiguiente, hacer partícipes otras personas de mis experiencias, lo encuentro natural, casi diría necesario. Me siento muy gratificado siendo útil a otros, (de manera especial si esos “otros” son los jóvenes de hoy), cuando consigo transferirles viejas y nuevas experiencias, o conocimientos adquiridos a través de una vida de observaciones.
Nuestra actual juventud carece muchas veces de ideales sólidos, porque la misma sociedad en que vivimos está perdiendo de vista los valores trascendentes, inmutables y eternos. Por el mismo motivo no puede brindar lo que no tiene.

Queda sin embargo la montaña como magnífico ideal para las nuevas generaciones

Siempre que nosotros los viejos seamos capaces de mostrárselo. Ahí, nuestros jóvenes podrán descubrir el valor del esfuerzo personal en orden a la propia realización; el valor del sacrificio, de la perseverancia necesaria para alcanzar una meta autoimpuesta, cuyo único premio consistirá en el orgullo de la superación personal. Lo cual no es poco decir.

El Padre salesiano Juan Fanzolato, de muy querida memoria, decía: “Si a un joven le pides poco, no te dará nada, pero si le pides mucho, te lo dará todo. Dios no pide poco”.

Nuestros jóvenes hoy encuentran casi todo servido, y es este detalle el que no les permite ser creativos, apreciar, valorar, madurar. Pero allá en la montaña aún los espera el crisol que los hará hombres.

Antonio Beorchia en la cumbre del Nevado Toro Norte (6.100 mys. aprox.)

Sus aportes al periódico Diario de Cuyo, en la provincia de San Juan, Argentina, en cuyas páginas publicó en un lapso de treinta años, unas doscientas cincuenta notas para el suplemento dominical, Notas, Artes y Letras y últimamente para el suplemento dominical OH. También, ha colaborado con revistas y diarios de Buenos Aires, tales como, Clarín, Siete Días, La Nación, Camping y en otras provincias argentinas, en medios como, Miradas, De Ingenio.

Antonio Beorchia, ha sido autor, coautor y colaborador, de libros, ensayos y notas, sobre temas de arqueología de alta montaña, andinismo, exploración, travesías, personajes, costumbrismos, temas relacionados con las ciencias naturales, etc. Respecto a esto expresaba:

Mi modesto aporte para despertar en otros el interés por la vocación montañera, ha sido a través de notas periodísticas, algunos libros y, raras veces, mediante charlas o conferencias, porque considero que las palabras casi siempre se las lleva el viento. Verba volant, scripta manent, decía un viejo refrán latino. Escribir es dialogar con otros, disentir con ellos, procurar convencerlos, sopesar ideas, aprender… Si bien se ha escrito millones de libros, el libro sigue siendo el Maestro por excelencia. Por la misma razón siempre valdrá la pena escribir uno nuevo.

Un libro, si no resulta una bazofia, puede quedar años o siglos esperando su primer lector, hasta que alguien lo descubre y se deslumbra ante su contenido. En estos días, por ejemplo, decidí hincarle el diente a dos libracos de 600 páginas cada uno, pertenecientes a las obras completas –son 20 volúmenes- de San Agustín, escritas hace mil seiscientos años. ¡Nada menos! Y bien. Descubro que por momentos estoy dialogando con Él: aprendo, disiento, escucho… Esos 20 tomos hace muchos años que están ahí, en mi biblioteca, y recién ahora los desempolvo y encuentro que siguen vigentes, actualísimos. Ahí tienes la hoy famosa obra de Huamán Poma de Ayala caratulada “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, que trata de la civilización de los Incas. El manuscrito original permaneció olvidado durante tres siglos y recién fue descubierto en la biblioteca de Copenhague, en el año 1908. Sin embargo, hoy lo consideramos un documento de enorme valor histórico y antropológico.

Antonio Beorchia junto a la leña incaica encontrada en la cumbre del Cerro La Choca (Manrique), 1990


Pero en su andar por la montaña, no todo fue color de rosas, dado que en varias oportunidades se accidentó y esto nos comentaba respecto a estos percances:

En el verano de 1963, mientras me entrenaba aquí en San Juan, para ir al Volcán Llullaillaco con Erico Groch y Jorge Varas, me despeñé escalando una pared en pre-cordillera, con el resultado de sufrir serias lesiones a la columna vertebral.

En esa oportunidad me colocaron un yeso desde la pelvis hasta el cuello, y así quedé por 45 días. Sin embargo, poco después del accidente, debiendo renunciar al Llullaillaco por razones obvias, fui de todos modos de excursión a la montaña local, teniendo por “porteador” a un cuñado mío.

Un mes y medio después del accidente, eché mano a una pinza y yo mismo me saqué el corsé de yeso, porque ya me resultaba insoportable. Hoy, cada cambio de tiempo me recuerda “cariñosamente” aquella caída. En diciembre de 1967, quedé colgado dos veces en el interior de sendas grietas sobre el glaciar Italia, (zona Sur de la Ramada), ocultas bajo un espeso manto de nieve fresca. Mi único compañero era entonces un gendarme llamado Alejo “Salpicón” Medina -de cuyo paradero hace mucho no tengo noticias-  el cual a duras penas sabía dar seguridad con la soga. Esa vez conseguí salir solo de semejante trampa y ahí nomás, con buen tino, emprendimos la retirada. Un mes después, en enero de 1968, vuelta a las andadas y en la misma zona, poco antes de alcanzar la cuenca de alimentación del mismo glaciar. Esa segunda vez, iba con el gran Sergio Fernández, con Oscar Kümmel y con un muchacho de 16 años llamado Rogelio Dupont, a quien no volví a ver desde entonces.

En cierto lugar tuvimos que subir por una canaletita de hielo verde que superaba un desnivel de unos 20 metros, encajada entre una pared vertical de roca y los séracs del glaciar. Fue ahí cuando Fernández le salvó la vida a Kümmel y yo mismo me encontré en apuros a causa de las continuas descargas de hielo y rocas que caían desde lo alto y encontraban en la canaleta una vía natural de bajada.

Recuerdos de golpes, luxaciones y hematomas causados por mulares o caballos de mal genio en el transcurso de las expediciones, los conservo grabados en todo el cuerpo. En enero de 1990, para dar un ejemplo, en ocasión de la primera subida al Olivares Sur, de 5.850 metros, una mula carguera casi me descuartizó, causándome luxaciones y un hematoma gigante a lo largo de toda la pierna derecha.

Aquella era una expedición conjunta entre el Club Andino Mercedario y el Club Alpino Italiano de Pádova, con un total de 14 participantes. El accidente sucedió de la siguiente manera: la caravana montada había ya partido hacia el campamento 1º y solo quedábamos en el base los dos hermanos Oviedo, los dos baqueanos y yo, con la misión de cargar todos los equipos sobre el lomo de cuatro mulares.

Ese día nos habíamos ataviado con nuestros equipos de alta montaña y calzado las voluminosas botas dobles que a duras penas entraban en los estribos. Estaba yo arreando uno de los mulos de carga, cuando sentí un fuerte desgarro en el tobillo derecho seguido por un duro golpe en la corva de la misma pierna.

En la cumbre principal del Cerro Chuscha con la bandera del Club Andino Mercedario, Diciembre de 1993

Hay momentos, segundos nomás, en que uno constata, analiza y elabora una respuesta ante determinada situación imprevista, como si uno fuera un simple espectador, un observador de los acontecimientos y no la víctima.

Así me sucedió en esos instantes: con el rabillo del ojo alcancé a ver la carguera negra, la más hija de su madre de todas, que avanzaba desde atrás rozando la albarda militar contra los flancos de mi caballo. Alcancé a ver el soporte de la albarda mientras me enganchaba el tobillo, vi el hierro deslizarse sobre la pantorrilla y golpear en la corva; vi como mi pierna se torcía en 90º sin que el estribo aflojara y sentí el caballo tirar hacia un lado y la mula hacia el lado contrario. “¡Chau pierna –me dije casi con indiferencia- estos brutos me la arrancan!”. Pero en ese mismo instante José Oviedo, aferró el caballo de las riendas haciéndolo encabritar; aflojó así la tensión del estribo y el pie quedó libre.

Sin embargo la gruesa bota de montaña quedó atrapada entre el soporte de la albarda y la carga; avanzando, la mula me arrancó de cuajo de la montura, caí de espaldas y quedé colgando cabeza abajo.

A mi derecha, a pocos decímetros de mi cabeza, veía zapatear inquietos los cascos traseros de la mula y a la izquierda los del caballo. Si en esos instantes el animal se asustaba, solo me quedaba la alternativa de ser molido a patadas o de ser arrastrado cabeza abajo por la vega. Pero por suerte la mula reculó ante un ademán de Oviedo, librándome el pie de la morsa que lo retenía.

Como pude me arrastré unos metros, para dejarme al fin caer boca arriba. Oscuridad para los ojos, silbar de oídos, falta de aire. El desmayo amagaba, pero no consiguió hacerme perder la conciencia. Los muchachos acudieron luego en mi ayuda. Ese día, 3 de enero de 1990, alcanzaron la cumbre del Olivares Sur, hasta entonces invicta, los siguientes miembros del Club Andino Mercedario: Ana Meglioli, Teresa Keny, Mario Muñoz, José Oviedo, Carlos Ramírez y Michele Beorchia Nigris, este último un hijo mío. Del Club Alpino Italiano Sezione di Pádova, llegaron: Gianfranco Cremonese, Armando Ragana, Vittorio Zanuso y Rosario Mínola.

Dos años después, en enero de 1992, cabalgando hacia los Caserones del Salado al pie del nevado homónimo, un mular “muy mansito” según su dueño el baqueano Aníbal Vega, (porque a su decir “los niños andan en él a la escuela”), me hizo volar algunos metros para dejarme aterrizar sobre la gruesa grava granítica que caracteriza esa zona. Durante tres meses tuve luego que recurrir a un traumatólogo hasta quedar más o menos normal.

Así podría seguir relatando otros varios percances menores, sufridos a lo largo de 50 años de andinismo. Como verán, yo también pagué mi precio a la montaña, en golpes, fracturas y contusiones…

Antonio Beorchia, en la cumbre secundaria del Chuscha, 17 de Diciembre de 1993


De todas maneras, no creo que los accidentes en montaña tengan alguna relación con ser o
no ser una buena persona.

No solo la montaña me fascina, los desiertos también. No tengo una respuesta clara acerca del porqué de esta predilección. Quizás sea porque desde siempre sentí hambre de horizontes infinitos.

Los desiertos son monótonos y grandiosos a la vez: si te subes a un altozano, la vista espacia sobre ellos sin tropiezos, hasta detenerse en lejanísimas reverberaciones. Los espejismos que se puede admirar en San Guillermo, para dar un ejemplo, te deslumbran, te hipnotizan, te atrapan con su etérea presencia.

Esas cumbres azuladas que en los días diáfanos emergen sobre el horizonte desde la nada, suspendidas, ondulantes, trémulas, separadas de los llanos por una indefinida franja azulina sin dimensión ni forma, nos ofrecen un espectáculo único que interesa todos los sentidos. La monótona vastedad de la estepa o de los medanales, tiene el sabor de la libertad absoluta. Se asemeja a una sinfonía que te traslada hacia desconocidas dimensiones.

He recorrido –casi siempre a caballo- desiertos pequeños o inmensos aquí en San Juan; he atravesado las vastísimas Punas punteadas de coirones amarillos del Noroeste Argentino y he cruzado inmensos salares como el de Uyuni, en Bolivia; anduve toda la meseta patagónica, el desierto de Atacama, etc. Nunca sufrí soledad; nunca sentí hastío en tales travesías. Digo más: cuando transcurren algunos meses sin poder sumergirme en un “baño de inmensidad”, empiezo a sentirme intranquilo y… muy luego parto.

He nacido en una comarca cubierta de bosques de hayas y de abetos; me gusta desde luego su umbroso silencio pero, puesto a elegir, prefiero la silenciosa vastedad de las arenas o de la estepa sin fin. Aquí en San Juan, en el Departamento 25 de Mayo, tenemos el conjunto de médanos más extenso de Sudamérica, con una superficie de 250.000 hectáreas y unas 20 familias viviendo sobre su flanco Oriental. Pues bien, todos los inviernos regreso allá para atravesarlos a caballo en 4 o 5 días, o simplemente para convivir con los criollos que allí viven.

Expedición al Nevado Lavadero (6.030 mts.), 1994


Antonio Beorchia Nigris, ha sido socio fundador y Presidente del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña (C.I.A.D.A.M).

Efectuó numerosas publicaciones, entre ellas, El enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña, editado por la Universidad de San Juan , en el año 1985; también: San Juan  Tierra de Huarpes, editado en los años 1998 y 2001, en dos tomos; Patagonia, Adios.., editado en el año 2005; Carta a mis descendientes, inédito, finalizado en el año 2007; compilador y/o co-autor de, Primer guía de Turismo, editado por el Diario de Cuyo, San Juan, en el año 1993; C.I.A.D.A.M., tomo número 6, años 1987 y 1999; alunas páginas del Alpinismo Italiano Nel Mundo, tomo número 2, del Club Alpino Italiano, Milano, 1972; In Alto, 1874-1974, Societá Alpina Friulana, Sezione di Udine del CAI; In Alto, Volumen LVII, año 1972; La Spedizione Della Cittá di Padova alle ande Argentine 1975, del Club Alpino Italiano, Sezione di Padova; EL Santuario Incaico de los Nevados de Chuscha, editado en Mendoza, en el año 2004; Antología de Escritores Sanjuaninos, editado por el Banco Credicoop; Tercer Milenio, editado en San Juan, en el año 2000; Siglo Veintiuno, editado en San Juan, en el año 2001; Aconcagua, und die Anden bis zum Wendekreis des Steinbocks, editado en Austria, en el año 2006.

Cumplió diversas funciones públicas y privadas durante cuatro décadas en la provincia de
San Juan, Argentina.

Fue director de Parques y Paseos; director de Recursos Naturales Renovables; director fundador de la primera escuela de apicultura de la provincia de San Juan, que regentó durante quince años; codirector de seis tomos de la Revista-anuario del Club Andino Mercedario, en los años 1965 a 1971; director y co-autor de seis tomos del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña, en los años 1965 a 1999.

Fue presidente y/o miembro activo de diferentes instituciones culturales o deportivas sin fines de lucro, socio fundador del Círculo Friulano de San Juan; fue presidente y ocupó otros cargos, durante treinta años, en el Club Andino Mercedario; prosecretario de la Asociación de Museos Privados de San Juan; miembro de la Comisión de Cultura de la Confederación Gaucha Argentina; colaborador de varios programas radiales, entre ellos Señal Gaucha, y la página Web de la Confederación Gaucha Argentina; Miembro de la Agrupación Gaucha Martín Fierro; socio de la Sociedad Argentina de Escritores, sucursal San Juan; socio fundador y presidente durante treinta cuatro años del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña; ex socio del Club Alpino Italiano; Investigador ad honorem de la Universidad Católica de Salta; participó como miembro activo, en algunos congresos del esclarecido investigador y arqueólogo profesor Mariano Gambier.

Expedición al Cerro Bayo, 1996

Ha sido distinguido con las siguientes distinciones

La Pluma de Oro, de la Sociedad Argentina de Escritores, sucursal de San Juan, en el año 2002; distinguido con el Probus al Mérito, en el año 1999, en la versión Cultura; distinguido y reconocido como Notable, por el Centro Sanjuanino para la Cultura, en el año 1998; en el año 1998, también fue premiado por el Rotary Internacional; se le otorgó el Mercurio de Oro a la Popularidad, en el año 1991; en el mismo año, se le otorgó el Premio Alberdi; el 27 de noviembre de 2003, el Poder Legislativo de la provincia de San Juan, lo distingue, En reconocimiento a su destacada labor de exploración, investigación científica y arqueológica; la Confederación Gaucha Argentina, le otorga la distinción de Gaucho Argentino, por la primera reedición a caballo de la ruta patagónica recorrida en los años 1869-1870, por el explorador inglés George Chaworth Musters, con un total de tres mil doscientos kilómetros de recorrido, a caballo, en la primavera-otoño de los años 2000-2001; el Club Andino Mercedario, le otorgó por su trayectoria andinística, el Cóndor de Oro; la Asociación de Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural e Histórico, ADEPEC, le hizo entrega de un diploma por su colaboración en el programa Primer Plano; en el año 1986, la Dirección Provincial de Turismo, le hizo entrega de un diploma, por su labor; la Cámara Provincial de Turismo de San Juan, le entregó un diploma por su eficiente labor a favor de esta actividad en el año 1988; en el año 1990, la Administración de Parques Nacionales, le hizo entrega de un diploma cuyo emblema dice, Conservar el Futuro;  en el año 1994, se le otorgó el premio Homenaje al Trovador y Trovador de Plata; la Dirección de Cultura del Departamento Rivadavia, de San Juan, le otorgó en el año 1987, un diploma por su labor; el Club Andino Mercedario, le otorgó el premio 50 Aniversario del Club Andino Mercedario; en el año 1974, le otorgó una mención; en el año 1983, , la Dirección de Protección al Discapacitado, le hizo entrega de un diploma, en reconocimiento a su labor desarrollada; en el año 2007, el Club de Leones de San Juan, le otorgó un certificado de Apreciación; en el año 2007, el Presidente de la República Italiana, lo distinguió con el título honorífico de Commendatore dell´Ordine Della Stella Della Solidaritá Italiana.

En el año 1989, recibió el premio literario nacional, Puma Argentino, en versión Cultura Nacional, por el trabajo, El Enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña; la edición del tomo I, San Juan Tierra de Huarpes, en el año 1998,fue declarado por la Cámara de Diputados de la provincia de San Juan, de interés legislativo;en el año 2001, la edición de los tomos I y II, de San Juan Tierra de Huarpes, fue declarado de interés cultural por la Secretaría de Cultura y Turismo de la provincia de San Juan; en los años 1997 y 1999, obtiene el primero y segundo premio respectivamente, Premio Pyrenaica, de la revista Pyrenaica, España, al mejor artículo de montaña. En los años 1991 y 1993, en el Día del Periodista, el gobierno de la provincia de San Juan, le otorgó el segundo y tercer premio, en los años respectivos; en el año 1998, recibió el Premio Literario, de la Asociación de la Casa Natal de Sarmiento.

Antonio Beorchia en la expedición al Nevado Las Palas, 1998

Viviana Pastor, de Tiempo de San Juan, lo definía diciéndonos: Cuando habla su tonada es indescriptible, mezcla de sanjuanino con acento de campo y algo de italiano que arrastra con gozo y mantiene con orgullo. Antonio Beorchia Nigris, con muchos años encima, pero su espíritu no se ha enterado y él mantiene intactas las ganas de seguir cabalgando,  buscando quién sabe qué; porque, tal como él mismo se define, sigue siendo un “explorador”. Sólo su cabello largo y blanco, su abundante barba, también del color de los picos nevados que tanto ama, le dicen al espejo que los años han pasado, pero eso no lo resiente. “Parafraseando a Neruda siempre digo: confieso que he vivido…  mucho”, bromea.

Su amada esposa Edda, luego de sufrir una enfermedad incurable, falleció el 5 de diciembre de 2011. Siguiendo el relato de Viviana Pastor, nos comentaba: Hoy, casado en segundas nupcias con Alicia Pereyra, cuenta que tomó esa decisión porque no le gustaba estar solo en su casa, “me da tristeza, depresión. Ella me acompaña, somos buenos compañeros”. Con Alicia sigue haciendo expediciones; hace 3 meses recorrieron a caballo las sierras de Valle Fértil, las de Chávez y Elizondo y bajaron por  Astica.

Durante toda la charla, Alicia ceba mate y le toma la mano sonriéndole con complicidad ante cada anécdota.
Cuando me jubilé encontré el sosiego que no tenía, porque siempre tuve dos trabajos. Ahora mis días son espectaculares. Me levanto temprano, llevo a mi bisnieta a la escuela, vuelvo y nos sentamos a tomar mate en el jardín y charlamos tranquilos. Luego miro los mails, hago jardinería; y por la tarde me voy al hipódromo o salimos a pasear o al campo, y así se deslizan los días. Vivo. Jamás he sabido lo que es el aburrimiento:  me verás enojado, pero aburrido no; si no tengo nada que hacer, pienso, y si no, rezo el rosario”, dice. La religión es algo que lo encontró de grande. “Me convertí al catolicismo cuando tenía unos 40 años, porque a los 16 me creía comunista: como todos uno a los 20 es incendiario, y a los 40, bombero”, relata. Pero los temas espirituales siempre lo intrigaron, leyó libros de varias religiones,  pero no había leído la biblia. “Un día llegó un evangelista a la puerta de mi casa y me regaló una biblia, la leí varias veces, era una biblia protestante, pero un sacerdote amigo me dijo que estaba mejor traducida”, señala. Durante muchos años participó activamente de grupos católicos y hoy está “en la retaguardia”.

Entre sus libros publicados podemos mencionar:

El enigma de los santuarios indígenas de alta montaña, Editorial de la Universidad Nacional de San Juan – publicado en el año 1985; San Juan tierra de Huarpes, Tomo I, Editorial Papiro S.R.L., publicado en el año 1998; San Juan tierra de Huarpes, tomo II, Editorial Papiro S.R.L., publicado en el año 2001; Patagonia adiós, Editorial Papiro S.R.L., publicado en el año 2005; Carta a mis descendientes, Editorial Papiro S.R.L., publicado en el año 2012. Entre las obras publicadas en co-autoría, tenemos: Guía de turismo – San Juan, Editorial de DIARIO DE CUYO, publicado en el año 1993; C.I.A.D.A.M., tomo VI (compilador y co-autor), Editorial de la Universidad Católica de La Plata, dos ediciones, en los años 2001 y 2005; Las 41 del padre Juan Fanzolato, Editorial Papiro S.R.L.,  publicado en el año 2009; La segunda saga de la columna Cabot, Editorial Papiro S.R.L., publicado en el año 2009; Camino Real – Bolivia 1978, Edición de Toni Mastellaro, Pádova, publicado en el año 2000.

Antonio Beorchia en su estudio. Foto: www.revistavlov.com

En cuanto a sus artículos y notas publicadas podemos citar:

El último seismil – Nevado Lavadero, publicada en la revista Pyrenayca nº 182, en el año 1996; Siguiendo los rastros de la Reina del Cerro, publicada en la revista Pyrenaica nº 188, en el año 1997; Vascos en la cordillera de La Totora, publicada en la revista Pyrenaica nº 191, en el año 1998; Expedición al nevado Las Palas, publicada en la revista Pyrenaica nº 196, en el año 1999; Patagonia, adiós, publicada en la revista Pyrenaica nº 205, en el año 2001. Cumbres Vírgenes: el nevado de Calinga, en la revista del CAM nº 1, en el año 1965; Una excursión al cordón del Plata, en la revista del CAM nº 2, en el año 1966; 500 Kilómetros en mula, en la revista del CAM nº 3, en el año 1967; Japoneses al Mercedario, en la revista del CAM nº 4, años 1968/69; El santuario incaico del nevado Los Tambillos, en la revista del CAM nº 5, en el año 1970; Aventuras entre cumbres y desiertos,  en la revista del CAM nº 6, en el año 1971. Notas periodísticas dominicales para DIARIO DE CUYO: La maravillosa flora de San Juan, 18 de mayo de 1980; El Relincho, 25 de mayo  de 1980;  El Estanque, 15 de junio de 1980; La fiesta de San Juan Bautista en Cochagual,  6 de julio  de 1980; Por tierra de los Incas, 24 de agosto de 1980 y 12 de octubre  de 1980;  Nuestros glaciares, 9 de noviembre de 1980; Parque natural Valle Fértil, 14 de diciembre de 1980; El Mercedario, 4 de enero de 1981; La apicultura, 1ro de febrero de 1981; El salto del río Sasso, 8 de febrero de 1981; Creencias y supersticiones, el Diablo, 15 de febrero de 1981; La momia del nevado Quehuar, 29 de marzo y 5 de abril de 1981; Chomolungma, la diosa Madre del País, 3 de mayo y 10 de mayo de 1981; Encuentros en el Valle Fértil, 17  de mayo de 1981; San Isidro Labrador en Algarrobo Grande, 24 de mayo de 1981; Las minas de oro de Gualilán en San Juan, 7 de junio de 1981; Los hombres pájaros – Realidad del aladeltismo en San Juan, 28 de junio de 1981; Nuevos horizontes ganaderos para Valle Fértil, 9 de agosto de 1981; El Palque – un paraíso de paz y sosiego, 2 de agosto de 1981; Las fabulosas lagunas de Huanacache, 30 de agosto de 1981; La Tordilla, una serranía desconocida, 6 de septiembre de 1981; Asis y su Santo, 4 de octubre de 1981; El desierto de Ampacama, 11 de octubre de 1981; Ischigualasto insólito, 25 de octubre de 1981; Tortitas jachalleras, 15 de noviembre de 1981; En la tierra del cacique Francisco Alcane, 27 de diciembre de 1981; Una expedición a la sierra de La Batea, 17 de enero de 1982; Anécdotas para un día de vacaciones, 24 de enero de 1982; La sierra de La Punilla, 31 de enero de 1982: Inti Anti, el camino del Sol, 21 de febrero de 1982; Villa Mercedes – una villa y un valle, 28 de marzo de 1982; Por los caminos del Inca, 4 de abril de 1982; Vida de ovejeros, 18 de abril de 1982; El milagro de la vida en la Puna, 25 de abril de 1982; Sobre las nieves del Potro en guanaquera, 9 de mayo de 1982; La fiesta de Corpus Dómini y el milagro de Bolsena, 6 de junio de 1982; La momia del cerro del Toro en la cordillera sanjuanina, 20 de junio de 1982; Rescate de la momia del cerro del Toro, 27 de junio de 1982; Blanco de Las Cuevas, el rey de la precordillera, 11 de julio de 1982; La antigua estancia de Los Sombreros, 15 de agosto de 1982; El Puma – un félido que debemos preservar, 12 de septiembre de 1982; El río Las Tumanas, 19 de septiembre de 1982; Primavera en las altas cumbres, 26 de septiembre de 1982; El caso de los guanacos del río Los Patos, 17 de octubre de 1982; Angualasto, cuna de una antigua civilización, 7 de noviembre de 1982; El baño del Indio, 28 de noviembre de 1982; El cardón, una planta increíble, 26 de diciembre de 1982; Cría artificial de abejas reinas, 23 de enero de 1983; Los 7 picos de Ansilta, 6 de febrero de 1983; Nico, el pequeño rastreador, 3 de abril de 1983; A la conquista del Pico Polaco, 17 de abril de 1983; La Virgen de la Mica, 15 de mayo de 1983; Las ruinas jesuíticas del río Las Tumanas, 29 de mayo de 1983; Una excursión al mundo de la botánica, 17 de julio de 1983; Maravillas naturales de Jáchal, 9 de octubre de 1983; Día de yerra, 15 de enero de1984; El tambo incaico de la Dehesa, 29 de enero de 1984; Aventuras en la cordillera del Toro, 12 de febrero de 1984; El rescate de la momia del cerro El Toro, 26 de febrero de 1984; El salto Frío, 25 de marzo de 1984; La fabulosa ciudad perdida de los nevados del Aconquija, 15 de abril de 1984; Los lagares del Villicum, 6 de mayo de 1984; Cuando Hitler regaló una región del norte de Italia, 27 de mayo de 1984; Un paraíso desconocido – El fantástico mundo de Las Tumanas, 3 de junio de 1984; La conquista del Mercedario, 1 de julio de 1984; Yoca, 22 de julio de 1984; En búsqueda de la Reina del Cerro, 19 de agosto de 1984; Fábulas cordilleranas, 23 de septiembre de 1983; Abejas africanizadas en Tocota, 14 de octubre de 1984; Anécdotas y costumbres del campeón de Los Andes, 27 de noviembre de 1984; La cordillera del Toro, 16 de diciembre de 1984; Nuestros saltos de agua, 30 de diciembre de 1984; Las cavilaciones de un burro, 20 de enero de 1985; La Ramada Sur, una cumbre invicta, 10 de febrero de 1985; Por tierras de los indios mapuches, 24 de febrero de 1985; El alambre carril de Chilecito a la Mejicana, 14 de abril de 1985; El enigmático clavel del aire, 12 de mayo de 1985; Navegando el río San Juan – en canoa hasta El Encón, 2 de junio de 1985; Test de agresividad de las abejas en San Juan, 30 de junio de 1985; El Perú legendario, 28 de julio de 1985; Las indieras del Encón, 11 de agosto de 1985; El parque nacional Calilegua, 1 de septiembre de 1985; 40 años de andinismo, 6 de octubre de 1985; Donde muere el río San Juan, 24 de noviembre de 1985; El travertino – una milenaria aventura geológica, 19 de enero de 1986; El mirador de las nubes, 26 de enero de 1986; Veladero, el nevado que crece, 18 de mayo de 1986; Las veranadas, 29 de junio de 1986 y 31 de agosto de 1986 (dos notas); El enigma de los solsticios en los nevados de Aconquija, 13 y 20 de julio de 1986; La momia del Aconcagua, 28 de septiembre de 1986; Los petroglifos del arroyo Colangüil, 19 de octubre de1986; Hasta las fuentes del río Usno, 9 de noviembre de 1986; Vida en la naturaleza, 28 de diciembre de1986; Navegando por tierra de Huarpes, 25 de enero de 1987; Sanjuaninos en Tierra del Fuego, 8 de febrero 1987; Veladero, un nevado rebelde, 15 de marzo de1987; Días de esquila en las altas cumbres de La Rioja, 29 de marzo de 1987; El asno – un servicial amigo en las sierras de Valle Fértil, 12 de abril de 1987; En busca de las orquídeas sanjuaninas, 19 de abril de 1987; Andanzas por la península Valdéz, 10 de mayo de1987; Encuentros en las lagunas del Rosario, 31 de mayo de1987; Río Uruguay, 21 de junio de 1987; La última balsa de totora, 19 de julio de 1987; Sacrificios humanos en Los Andes, 16 de agosto de 1987; Por sierras de Rivero y de Elizondo, 6 de septiembre de 1987; La odisea de Jacinto Rojas, 27 de septiembre de 1987; Los cactus en el jardín, 25 de octubre de 1987; Tres días río abajo, 29 de noviembre de 1987; Un viaje a las cabeceras del río Cuevas,  3 de enero de 1988; La saga del Veladero, 17 de enero de 1988; La conquista del Pico Polaco, 6 de marzo de 1988; Sobre las cumbres de Ansilta, 17 de abril de 1988; Las truchas de la laguna del Tome, 22 de mayo de 1988; El glaciar de Agua Negra, 12 de junio de 1988; Por huellas y sendas del pasado, 17 de julio de1988; Los saltos del río Jáchal, 25 de septiembre de 1988; Migración de los piuquenes, 7 de agosto de1988; Castel Sant’ Angelo, 30 de octubre de 1988; El arroyo del Agua Negra, 27 de noviembre de 1988; El sendero Bonacossa, 15 de enero de 1989; Arrequintin – Hombres y laboreos, 29 de enero de 1989; La última erupción del volcán Lonquimay, 12 de marzo de 1989; Aconcagua 1959, 16 de abril de 1989; El enigmático Olivares Sur, 4 de junio de 1989; Sacrificios humanos en Los Andes, 9 de julio de 1989; Los Médanos Grandes, 20 y 29 de agosto de 1989; Una iviña llamada Espartaco, 8 de octubre de 1989; Atardecer con loros, 15 de octubre de 1989; Tumanas arriba, 12 de noviembre de 1989; Réquiem para el guanaco, 7 de enero de 1990; La conquista del Olivares Sur, 11 de febrero de 1990; La última aventura en Ansilta, 18 de marzo de 1990; 5 días por Manrique, 20 de mayo de 1990; El ocaso de la fauna, 17 de junio de 1990; El exterminio de las nutrias, 22 de julio de 1990; El árbol más antiguo de San Juan, 11 de septiembre de 1990; Baritú, 2 de septiembre de 1990; Las Chacras, un pueblo sin hombres, 16 de diciembre de 1990; Retorno a San Guillermo, 27 de enero de 1991; Los 345 años de dos olivos de La Mesada, 10 de marzo de 1991; Los fósiles de Las Tapias, 21 de abril de 1991; Las vicuñas de San Guillermo, 26 de mayo de 1991; Sobre las arenas del Médano Rico, 7 de julio de 1991; Hablando de árboles, 18 de agosto 1991; Tesoros, labranzas y derroteros antiguos, 25 de agosto de 1991; Hace 200 millones de años en Ischigualasto, 20 de octubre de 1991; La Reina del Cerro, una historia con final, 24 de noviembre de 1991; Algo más sobre San Guillermo, 29 de diciembre de 1991; El Chinguillo, 5 de enero de 1992; Las minas de El Salado, 9 de febrero 1992; El último ovejero, 8 de marzo de 1992; Por las sierras de Chávez y Elizondo, 5 y 12 de abril de 1992; Inti Anti en el Valle del Cura, 3 de mayo de 1992; Lagunas en la cordillera, 17 de mayo de 1992; Una orquídea para San Juan, 7 de junio de 1992; La Huasa Eva, 5 de julio de 1992; Encuentros en sierra de Rivero, 2 de agosto de 1992; Las arenas de los Médanos Grandes, 6 de septiembre de 1992; Los baldes, 13 de septiembre de 1992; Primavera con glicinas, 11 de octubre de 1992; La tragedia de los arrieros de Colangüil, 22 de noviembre de 1992; Santa Bárbara, la fiesta mayor de Mogna, 20 de diciembre de 1992; Aventuras en el corazón de los valles Calchaquíes, 24 y 31 de enero de 1993; Hasta las fuentes del río San Juan, 4 y 18 de abril de 1993; Un Orejón sobre el Mercedario, 23 de mayo de 1993; La Cueva del Indio, 25 de julio de 1993; Chajá… Chajá… Chajá…, 29 de agosto de 1993; La leyenda del Espinacito, 31 de octubre de 1993; Los chicales del Pie de Palo, 12 de diciembre de 1994 y 9 de enero de 1994; Por las sendas de la Nación Diaguita, 13 de febrero de 1994; Travesías iglesianas, 8 y 15 de mayo de 1994; Ischigualasto eterno, 22 de mayo de 1994; El éxodo de los vallistos serranos, 10 de julio de 1994; Gente en el desierto, 7 y 14 de agosto de 1994; Margarita Lima, la virgen de Pachaco, 19 de noviembre de 1994; 25 Aniversarios del Círculo Friulano de San Juan, 16 de julio de 1995; Dinosaurios en Jachal, Suplemento especial, 8 de octubre de 1995; Sinfonía en rojo - Los horco-quebrachos de Valle Fértil, 5 de noviembre de 1995; Tarde con niños en la alta cordillera, 23 de marzo de 1997; El puma, 8 de junio de 1997; En busca de la Reina del Cerro, 19 de junio de 2005; En busca del Inca, 17 de julio de 2005; Monumentos vegetales, 14 de agosto de 2005; Agua en el desierto, 9 de octubre de 2005; Las flores de San Juan, 18 de septiembre de 2005; Encuentros con la lampalagua, 30 de octubre de 2005; La huella de los Incas, 27 de noviembre de 2005; El canal de los indios, 18 de diciembre de 2005; Un gato peligroso, 5 de febrero 2006; El último huarpe, 12 de febrero de 2006; Océano de sal, 26 de marzo de 2006; El destino del Malacara, 30 de abril de 2006; La caldera del Incapillo, 14 de mayo de 2006; Andanzas por las mesetas patagónicas, 28 de mayo de 2006; Rosa Chiquichano, la abogada tehuelche,  25 de junio de 2006; Los fabulosos petroglifos de El Molle, 16 de julio de 2006; En Velero por el Cabo de Hornos, 3 de septiembre de 2006; Piedras con historia, Los morteros de Las Tumanas, 11 de febrero de 2007; Los ammonites del Espinacito, 22 de abril de 2007.

Antonio Beorchia Nigris en Tres Chorrillos, 5 de Diciembre 2000, Santa Cruz

Ha participado asimismo en otras publicaciones, en libros, diarios o revistas, tales como: Alpinismo Italiano nel Mondo, tomo II del  Club Alpino Italiano, editado en Milano, en el año 1972; In Alto, 1874/1974, publicado por la Societá Alpina Friulana, Sezione di Udine del CAI; In Alto, publicación en el Volumen LVII, en el año 1972; La Spedizione Della cittá di Padova alle Ande Argentine 1975, publicación del Club Alpino Italiano, Sez. di Padova, en el año1975; Camino del Inca 1976, Padova 2001, Edición de los autores; Camino Real – Bolivia 1978, Padova 2006, Edición de los autores; El santuario incaico del Nevado de Chusca, Fundación CEPPA, Mendoza 2004; Antología de Escritores Sanjuaninos, Banco Credicoop, escritor participante; Tercer Milenio, Sociedad Argentina de Escritores (SADE), San Juan 2000 – XI Antología; Siglo Veintiuno, SADE, San Juan 2001 – XII Antología; Aconcagua, Und die Anden bis zum Wendekreis des Steinbocks – Austria 2006; Tiempo de San Juan, Septiembre de 1999 – Editorial Martin de Multicopy;Centro Friulano de San Juan, IV Encuentro de la Amistad Friulana; LETRA GAUCHA de la C.G.A. nº 1, 2, 3 y 4,  colaboraciones; LOS GAUCHOS nº 1 y 2, de la C.G.A., colaboraciones; Notas varias en las Revista: CLARIN, LA NACION, SIETE DÍAS, Siempre Más, De INGENIO, MIRADAS y otras.

El montañista, escritor y arqueólogo de alta montaña, Christian Vitry, decía:

Hablar de Antonio Beorchia Nigris es hablar de excelencia y generosidad, es referirse a un pionero y apasionado explorador que a lo largo de su vida se ha dedicado a la realización de quimeras y proyectos que socialmente no eran muy comprendidos.

Como montañista realizó centenares de ascensiones y primeras exploraciones en montañas de gran parte de la cordillera argentina y de los países vecinos. Como periodista, ha escrito artículos que hoy ya no se leen y que son dignos de un premio literario. Como gaucho, hizo de los caballos y cabalgatas una forma particular de vida. En arqueología de alta montaña es, a no dudarlo, el indiscutido pionero que sentó las bases de esta especialidad, donde ciencia y deporte van indisolublemente de la mano. Sus publicaciones y exploraciones a través del CIADAM (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña) ya forman parte de una literatura científica especializada de consulta obligada para quienes quieren incursionar en este tema tan particular.

Finalmente, como amigo, Antonio es el mejor. Quienes gozamos de su amistad y cariño podemos dar fe de los hoy poco frecuentes códigos de amistad que tiene Antonio.

Hace casi 20 años Antonio me obsequió su libro “El enigma de los santuarios indígenas de alta montaña” y en la dedicatoria escribió “Jóvenes que se interesen por la arqueología de alta montaña son rarísimos. ¡Adelante Christian! Ármate de entusiasmo y perseverancia y Ella (la arqueología) dará sentido a tus expediciones.”.

Sin duda que así fue y será, ¡Gracias amigo Antonio por el camino marcado que define mi vida y por la sincera amistad que compartimos!

Christian Vitry y Antonio Beorchia Nigris el pasado mes de Junio de 2013


Nos comentaba el joven y destacado andinista sanjuanino, Gabriel Fava: 

Antonio, lo vine a conocer ya desde grande, y en su cara se ve el fiel reflejo de felicidad al hablar de haber perseguido sueños allá en lo alto; basta preguntarle de sus aventuras para que con entusiasmo y una sonrisa de oreja a oreja, nos relatara sus bien recordadas historias en las montañas sanjuaninas, un verdadero pionero de estos valles, con una motivación inigualable y unas ganas de conquistar todo aquello que no estaba hecho por el hombre, son algunas de las sutilezas que nos muestran la verdadera fortaleza y su gran espíritu movido por la emoción de las alturas que Antonio llevó, lleva y llevará por las blancas cumbres de la cordillera.

Gabriel Fava junto a Antonio Beorchia, Abril de 2010. Foto: Guillermo Martin


Mariano Wullich, periodista del Diario La Nación, nos decía sobre Antonio:

Algunos lo definen como un incansable caminante más que un aventurero, o como un gaucho observador más que un científico. Parecería serlo todo: investigador, explorador, espectador, cronista y, fundamentalmente, el actor protagónico que se ubica en ese majestuoso escenario de los Andes. Cuando baja a la ciudad todos lo llaman Gringo, pero cuando comienza a trepar la roca, a caminar sobre las piedras, a desandar angostos y precipitados senderos, a cruzar desiertos y a dejar sus huellas sobre la nieve, se convierte en un zorro de la cordillera.

Respecto a Antonio, la arqueóloga de alta montaña, Constanza Ceruti, nos escribía:

Conocí a Antonio Beorchia Nigris por el Doctor Juan Schobinger, en un viaje que realicé a Mendoza hace casi veinte años, durante la preparación de mi tesis de licenciatura en antropología para la UBA, el Dr Juan Schobinger me insistía en que no dejara de entrevistarme con “Don Antonio”. Así lo llamaba, con profundo respeto y afecto, a quien consideraba como un co-fundador de esta rama apasionante que es la arqueología de alta montaña.  No era para menos, siendo Beorchia Nigris el descubridor (junto con Don Erico Groch) de la momia del cerro El Toro, la cual había sido ulteriormente rescatada y puesta a resguardo por el propio Schobinger. Además, pese a no haber cursado estudios en el campo de las disciplinas antropológicas, Beorchia, había puesto sus dotes de escritor y montañista al servicio del estudio de los santuarios de altura precolombinos, ascendiendo numerosos montes de la cordillera andina (muchos de ellos inexplorados) y relevando meticulosamente las ruinas construidas en sus cimas.  En una época en que no se encontraban arqueólogos profesionales capacitados para trabajar por encima de los 5.000 o 6.000 metros de altitud, Beorchia, había tenido la visionaria idea de fundar el CIADAM (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña). La seriedad de su compromiso y las decenas de años dedicadas a la labor quedaron plasmadas en varios libros y artículos periodísticos. Uno de sus libros, publicado en 1985 y titulado “El enigma de los santuarios indígenas de alta montaña”, devino en una suerte de biblia que compilaba todo el conocimiento existente hasta aquel momento en la historia de la arqueología de altura. Además, la excelente pluma de Antonio, recreaba vívidamente los relatos de ascensión, convirtiendo a la montaña en una meta por la que vale la pena enfrentar cualquier sacrificio. Estoy segura de que a aquellos escritos de Antonio debo, en gran medida, la inspiración para dedicar mi vida a la montaña, Aquel día en que finalmente me encontré con Antonio Beorchia, sentado detrás de su escritorio en la redacción del diario más importante de San Juan. Sin embargo, la charla que yo había anticipado solemne, terminó siendo tan amena como inolvidable. Como resultaron serlo todas las ulteriores conversaciones sostenidas con Don Antonio a lo largo de los años.  De las hazañas deportivas de Antonio, por sus compañeros de cordada nos enteramos solamente después de mucho indagar; porque, como siempre nos recuerda, “no es cuestión de andar por ahí agrandando el bacalao”. Las anécdotas vienen envueltas en imágenes tan humorísticas que siempre causan gracia a quien las escucha. Por ejemplo, en una de sus inigualables descripciones, propias de alguien que “ha pateado muchos cerros” nos presenta a la ascensión por los empinados sayales de la montaña como “la muerte con peluquín”. Para aprovechar la sabiduría de Antonio no hay que dejarse intimidar por su  venerable barba blanca, que lo asemeja a un profeta bíblico. Hay que guiarse por los ojos, siempre vivaces y siempre capaces de conmoverse cuando mira a alguno de sus nietos jugando en el jardín, o cuando le agradece a Edda la exquisita torta que acaba de hornear para acompañar el mate (que siempre nos ofrece a sus amigos debajo de la proverbial parra). En las últimas décadas, Antonio nos sorprendió con su hazaña de atravesar íntegramente la Patagonia a caballo, en compañía de un baqueano descendiente de Tehuelches. Nos deleitó también con el sentido homenaje a la geografía sanjuanina que atesoran sus hermosos libros titulados “San Juan, Tierra de Huarpes”. Admiro cada vez más profundamente a Beorchia Nigris por esa capacidad sostenida a lo largo de muchos años, para sortear obstáculos de toda índole, con tal de volver a estar en contacto directo con la naturaleza de la montaña andina y de la Patagonia, celebrando el legado del hombre originario de nuestro suelo. Quienes nos consideramos sus ahijados en el campo del montañismo tenemos a Don Antonio siempre presente, y aunque las obligaciones académicas no nos den tregua, aguardamos ansiosamente la próxima oportunidad de salir a la cordillera “aunque sea para tomarse unos vinos”. Al último libro que escribimos junto con el Doctor Johan Reinhard - que aborda las montañas sagradas y los rituales incaicos - lo hemos dedicado con sincero afecto a quien consideramos, junto con el Doctor Schobinger, como uno de los padres y pioneros de esta disciplina tan fascinante que es la arqueología de alta montaña. La trayectoria de Beorchia Nigris, merece sin ninguna duda, que le hayamos dedicado nuestra obra “cumbre”.  La amistad de Don Antonio, unida por las cordilleras soñadas y las cimas compartidas, se ha ganado el monumento que todos le erigimos en el corazón.

Antonio Beorchia Nigris cruzando el Cabo de Hornos en velero, 2002


Las semblanzas que sobre Antonio Beorchia Nigris, nos escribía su amigo andinista y
escritor Marcelo Scanu:

Es muy difícil escribir sobre una persona querida y respetada por uno, más aun cuando se trata de un grande. Esta vez la complicada tarea me toca a mí y espero salir airoso de tamaña prueba. Antonio es una persona inquieta, cuando no está en un viaje o en la montaña está preparando uno. Así lo conocí con 17 años y hoy, 25 años después, sigue siendo el mismo. Este pensamiento, de recorrer lugares vírgenes y desconocidos, de descubrir, la ha inculcado a varias generaciones de exploradores, pues otra de sus virtudes es la generosidad. Comparte con quien encuentra sus aventuras o lo guía hacia la seleccionada por uno mismo, siempre con los mejores consejos y acertadas referencias. Llegó joven a la Argentina desde la Italia de la posguerra buscándose "hacer la América" y bien que la hizo. Afincado en San Juan, con fugaz estadía en Buenos Aires, la cual nunca lo convenció, se casó con Edda, formando una gran familia con hijos, nietos y bisnietos además de muchos allegados quienes siempre colmamos su bella y cálida casa. Comenzó su actividad montañística en una época romántica, con equipo pobrísimo pero se la ingeniaron para lograr, junto especialmente a otros dos grandes como Sergio Gino Job y Edgardo Yacante (ambos fallecidos) el ascenso de las mayores cumbres inescaladas de entonces. Antonio, siempre fue el alma mater de estas salidas y aun hoy sigue forzando los límites de la exploración. A la par de la faceta deportiva desarrollo muchas otras. Es uno de los principales referentes de la arqueología de alta montaña, siendo él aficionado pero un erudito a la vez. Sus descubrimientos se ven especialmente en el museo arqueológico de San Juan. Fotógrafo, periodista y escritor, su pluma inquieta comenzó a escribir artículos en el diario de la provincia pero en muchos otros medios nacionales e internacionales. Debo a su ayuda y dirección la iniciación en esta arte al igual que en la montaña. Los lauros obtenidos van desde algún diploma de una pequeña biblioteca hasta ser Commendatore della Repúbblica Italiana.

Antonio Beorchia junto a la fagácea cercenada por los castores, Isla Grande, Enero de 2007

No podemos hablar de esta persona singular sin hablar de su afición, más bien locura, hacia los caballos y mulas. Siendo adolescente tuvimos la primera expedición de alta montaña juntos, a Laguna Brava en La Rioja. Lo que hoy se hace en pocas horas en auto, tardó casi una semana a lomo de mula. Mientras peleaba con mi cabalgadura, Antonio lucia enhiesto en su mula y avanzaba de forma natural. Antes había recorrido cientos de kilómetros de esa forma y recorrió muchos más luego. Destacamos entre sus expediciones la expedición tras los pasos de Musters, la cual hizo en parte sólo y que duró casi 6 meses! Partió de cerca de Rio Gallegos siendo recibido por una multitud en Carmen de Patagones. En el ínterin sufrió robo de animales, burocracia, alambradas traicioneras que tuvo que sortear y hasta un tiroteo. Hace unos años recreó el itinerario de la columna de Cabot, que apoyó a San Martín en el cruce de los Andes. Este gaucho en el sentido literal de la palabra, es miembro destacado de la Confederación Gaucha Argentina. Y podría escribir mucho, mucho más sobre sus logros pero excederían esta apretadísima síntesis. Hoy en día, Antonio, está cosechando lo que ha sembrado en todos estos años. Su semilla ha germinado, sus palabras encontraron terreno fértil y muchos montañistas, arqueólogos y exploradores le agradecen profundamente su guía y apoyo. No hay ninguna duda de que se lo merece.

El destacado andinista y escritor mendocino Domingo Álvarez, nos decía:

Es tan extensa la trayectoria de este insigne deportista e investigador que realmente tendrías que hacer un libro solo para él. Su increíble espíritu de aventura, su generosidad para brindar información y conocimientos no siempre fue reconocida y creo que escribir sobre su insigne persona realmente es una tarea dura si se quiere ser justo con su enorme cantidad de méritos.

Antonio Beorchia Nigris a Patos Sur, 2009


El pionero y andinista sanjuanino Sergio Fernández, compañero de cordada de algunas
ascensiones con Antonio, decía:

Lo conocí un día lunes, día en que nos reuníamos en el Club Andino Mercedario, creo que fue en el año 1956 o 1957. Yo estaba en la puerta del Club y veo que venía un gran amigo, un hermano de corazón, Edgardo “Piraña” Yacante (yo le puse este sobrenombre) y venía acompañado de un joven delgado, de paso cansino, nos saludamos y me presenta a su amigo, que  de inmediato supuse que no era argentino. Después entramos a la sede que era un pequeño salón, y en sus paredes había fotos, banderines y un mural, que Antonio comenzó a observar, mientras Edgardo,  me comentaba que su amigo, quería ser socio del Club: así conocí a Antonio Beorchia Nigris. Quien podría imaginar que este joven  tendría tanta actividad dentro del club, primero como un entusiasta montañista, fuimos compañeros de muchas expediciones y tuvo la suerte que en una de ellas, encontrara junto a otros socios,  la famosa Momia del Cerro del Toro a los  6000 metros, y desde ese momento y tocado por esa vara mágica que te ofrece la vida, se hizo aprendiz de arqueología. Fue tal el desafío y la voluntad de Antonio, que a partir de ese momento se convirtió sin tener un titulo de universidad, en un arqueólogo de montaña único, no solo en nuestro país, sino también en los países de Chile, Bolivia y Perú. Descubrió muchas huellas de nuestros antepasados y como si todo esto fuera poco, con su virtud, que admiro mucho, -creo en el año 1972- fundamos el C.I.A.D.A.M. (Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña), donde lo acompañé varios años hasta que me vine a Ushuaia. En un principio sacó una especie de revista hasta el N° 4, y en el año 1984, escribe el Tomo 5, un libro que lo titula “El enigma de los Santuarios Indígenas de Alta Montaña”. Es un libro  extraordinario por todos sus datos que introduce en sus páginas, son tantos los testimonios recopilados de diferentes lugares y completados con fotos y planos con la historia de cada hallazgo, que hace una gran obra de arqueología. Aquel aprendiz pasa a ser un Master en este tema (Antonio eres único sin lugar a dudas). Este gran amigo, siempre me da sorpresas. Un día me habla a Ushuaia y me dice que está por hacer un viaje desde Rio Gallegos a Carmen de Patagones: yo pensé que sería en su camioneta,  pero me sorprende  diciéndome que lo haría a caballo, tratando de hacer la ruta de un explorador inglés que recorrió la Patagonia a caballo en el año 1870, más de  3.000 kilómetros.  Yo no conocía esa historia y pensaba para mis adentros “Antonio debe estar loco”; yo sabía que el hombre ya tiraba para aprendiz de gaucho  y se dio el gusto y logró con semejante hazaña, obtener el “Master de Gaucho”. Te cuento este relato fuera del contexto de esta nota. Yo conocía un gran baqueano de Tambería, allí en San Juan,  me acompañó en varias salidas a la cordillera, se llamaba Don Custodio Palacio, era un conocedor de nuestra cordillera como ninguno, tengo muchas anécdotas de este gran amigo. Cuando salíamos hacia el cerro, se montaba en su mula y había que pedirle, por favor, que parara, sobre todo el primer día de ir montando casi 4 o 5 horas de marcha, ya que el punteaba la marcha y uno lo seguía, pero con la diferencia que uno montaba 1 o 2 veces al año. Supe que en su pueblo le llamaban “El culo de fierro” ya que podía andar montando todo el día, y cuando Antonio terminó su travesía por la Patagonia de 5  meses, le conferí un título muy especial “El culo de diamante” ya que se lo tenía bien ganado.

Sergio Fernandez, Antonio Beorchia Nigris y Cesar Volpini, 2011

Antonio tiene en su haber como montañista innumerables cumbres, que sorprende a cualquiera. Es un escritor que tiene la sabiduría de escribir lo vivido en tantos años, de tantas aventuras realizadas, con una sencillez y a la vez tan demostrativa, que uno se siente pleno y  se deleita y uno logra ser partícipe, porque contagia con tantas emociones vividas por este personaje que como dije siempre “Antonio eres único”. Son tantas las cosas que se podrían escribir de él, pero para muestra vale un botón.

Comentaba el montañista, escritor, director y fundador del CCAM, Guillermo Martin:

La primera vez que supe de Antonio, fue a trabes de mi Amigo Christian Vitry en el año 1997 en Salta, el me comentaba de lo importante que fue en su vida el haberlo conocido y me invito a leer  “El enigma de los santuarios indígenas de alta montaña”, el cual al leerlo me resulto fascinante y revelador pues desconocía el fascinante mundo prehispánico que seguía presente en el NOA a través de los Santuarios de Altura que a mi entender son verdaderas Iglesias Naturales...

Gracias a el aporte de Marcelo Scanu nos contactamos con Antonio y el CCAM tuvo el honor de publicar en la Revista Digital de Montaña con su autorización y corrección la nota "Primera Ascensión al Pico Mario Fantin" (Ver Link de la Nota Abajo) ubicado en la cordillera de Ansilta, la cual fue publicada por primera vez en la Revista "La Montaña" Nº 14, Diciembre 1970.

Antonio Beorchia en su casa junto a Guillermo Martin. Foto: Guillermo Martin

En su prologo Antonio escribía:

Releer una nota escrita con cierto desparpajo juvenil hace cuatro o más décadas, siempre me causa una sutil añoranza, no exenta de emoción, por tiempos y ascensiones que no han de volver.

Debo este regalo al renombrado andinista Guillermo Martin, cuya loable misión autoimpuesta es la de desempolvar y dar a conocer añejas crónicas de montaña, olvidadas a veces por los mismos protagonistas, como aconteció con el presente relato de la primera ascensión al Pico Mario Fantin, que tuvo lugar en el año 1970 y que a su tiempo publicó la prestigiosa revista La Montaña.

De veras no la recordaba y… me gustó. Para su nueva publicación me tomé sin embargo la libertad de corregir algunas frases –sin cambiar el sentido del texto original- ya que mi castellano de entonces dejaba mucho qué desear.

Antonio Beorchia Nigris – San Juan, abril de 2010

Luego publicamos en la Revista Digital de Montaña la "Primera Ascensión al Pico Polaco, Enero 1958" (Ver Link de la Nota Abajo)

Antonio comenzaba la nota de esta manera:

Fue una expedición de solo 12 jornadas.

No crean por esto que tuvimos los días contados, porque el tiempo fue lo único que nos sobraba. Lo escaso era el dinero y los víveres; por su lado los equipos eran lo que eran: una sola carpita, una pesadísima cuerda de cáñamo, antiguos grampones militares de seis puntas, piquetas con el cabo largo de caña colihue, bolsa-cama casera, un calentador "Primus" a nafta, zapatones militares…. Las prendas "duvet" (plumón de ganso) aún no se conocían entre nosotros, y en cuanto a los clavos de hielo, los mosquetones de aluminio, las sogas de perlón, las mochilas anatómicas, o las livianísimas e impermeables carpas de tela "goretex", como tantos otros equipos que hoy nos ofrece el mercado, entonces ni siquiera los soñábamos.

Eso sí, éramos jóvenes, y la juventud todo lo suple con imaginación, con entusiasmo... Cuando lo visite en su casa en la provincia de San Juan hace unos años, siempre se manifestó de una manera humilde y solidaria, ávido de compartir su experiencia y con un bagaje de anécdotas que describen un capítulo importante en la historia del montañismo en nuestro país, hoy poder ser el director editorial de la Revista Digital de Montaña y  publicar su biografía por primera vez, con  la excelente realización de  José Herminio Hernández es un gran honor para mí y la institución.

Antonio Beorchia en su estudio. Foto: Guillermo Martin


Mientras que el explorador, andinista e intelectual de la montaña el doctor Evelio Echevarría
Caselli, nos decía:

Nuestro común amigo Antonio Beorchia, no sólo hay que destacar sus expediciones y excelentes primeras, sino además, dos magníficos aportes suyos:

1. Fundó el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña, cuya sigla son CIADAM, en el año 1973, único todavía hoy en el mundo.

2. Lanzó una publicación del mismo organismo, en el mismo año de la fundación del CIADAM.

Con una institución y un órgano de difusión, la arqueología de las cumbres quedaba inaugurada.

Desde entonces al presente, los arqueólogos-andinistas y sus aliados, los andinistas aficionados a esta rama de la arqueología, han ubicado y estudiado unas 130 altas cumbres pertenecientes al territorio del imperio incaico.

Fue Antonio, quien hizo nacer y prosperar el tema de la arqueología de cumbres (otra vez, como yo llamo a esta combinación de andinismo-arqueología o sea, deporte-ciencia).

Con el hallazgo de la momia del cerro del Toro, por parte de Don Antonio y sus posteriores trabajos, tanto de campo, como los intelectuales, se inaugura la arqueología de cumbres en los Andes.

Todo su trabajo hace de él, un precursor del andinismo arqueológico en Argentina. Desde el punto de vista geográfico los temas se con en las montañas de la puna, o altos Andes desérticos de Argentina, Chile y Perú. Hay trabajos ocasionales de otros países americanos.

Estudio de Antonio Beorchia. Foto: Guillermo Martin

La dedicación y esfuerzo de unos pocos, la calidad del texto de sus escritos y el material fotográfico y gráfico y, sobre todo, la fascinación que representa un tema de esta clase, son los factores que se conjugan en sus escritos, para entregar a todo lector un bello compendio de lo que hace ya mucho tiempo, Beorchia, empezó a llamar La aventura de la arqueología de alta montaña. Respecto a la momia del cerro del Toro, parece apropiado que el descubridor haya sido Antonio Beorchia, de San Juan, pues él ha sido con el tiempo y su interés, el más dedicado investigador de la arqueología de alta montaña, como también su cronista. 

Es una obligación que tenemos de reconocer lo que han hecho nuestros montañistas. Vaya mi homenaje a Don Antonio, por su gran labor hecha y entregada a las generaciones venideras.

Antonio, a pesar de haber llegado en su juventud plena a nuestra Patria, se adaptó y adoptó rápidamente el lenguaje criollo, no solo la lengua sino también las costumbres que se le pegaron, como también la tonada lugareña, lo que hacen de él, un criollo auténtico. Inquieto, activo, apasionado, bondadoso con sus amistades, su mirada penetrante y vivaz, hacen imaginar tras la charla, que va midiendo al receptor, mientras que de su memoria prodigiosa va sacando como de un baúl las ricas experiencias vividas en la montaña, sus largas travesías, aventuras y especialmente, en la búsqueda arqueológica de nuestra costumbres y orígenes de nuestros ancestros, que desperdigaron a los largo de la extensa cordillera de los Andes sus vestigios, como tesoros. Sus escritos nos dejan descubrir y ver su lenguaje campechano, mezclado con la fina pluma de un gran observador. Para sus amigos, es un libro abierto, más que eso, es un corazón abierto, que entrega todo, a cambio solo del afecto y amistad. Tiene una gran sensibilidad y un buen corazón, ¿que más podés pedir de un ser humano, de un amigo?

¡Que Dios te siga dando largos años, para disfrutar de tu amistad…!


Video:

Una visita al estudio y biblioteca de Antonio Beorchia Nigris


Notas Relacionadas:

- La Vida de Antonio Pedro Beorchia Nigris. El explorador de las Misteriosas Cumbres!!! Primera Parte

- El explorador y arqueólogo Antonio Beorchia Nigris presentó su libro "Qhapaq Ñan"

- Primera Ascensión al Pico Mario Fantin (5.100 mts)

- Primera Ascensión al Pico Polaco (6.000 mts), Enero 1958



Área Restauración Fotográfica del CCAM:
Natalia Fernández Juárez

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